El pequeño pueblo que Almería se llevó por delante: El Zapillo que aún sobrevive
Villagarcía, Villa Pepita, Hoango y los comercios que llevan décadas abiertos permiten reconstruir el pasado de uno de los barrios más conocidos de Almería
El barrio de El Zapillo en Almería, una de las zonas que más se ha transformado de la capital. / Rafael Espino
Rafael Espino
Redactor jefe
Almería, 08 de octubre 2026
Pescadores, agricultores, pequeñas casas, huertas y primeros veraneantes dieron forma a un rincón de Almería que cambió por completo con el crecimiento de la ciudad. Todavía quedan viviendas, comercios y espacios que permiten reconstruir cómo era aquel barrio antes de los bloques y del actual Paseo Marítimo.
Caminar hoy por El Zapillo cuesta imaginar cómo era este mismo lugar hace menos de un siglo. Donde ahora se levantan edificios de viviendas y discurre un paseo marítimo había una franja mucho más abierta, vinculada al mar y a la Vega de Almería, con pescadores, agricultores y pequeñas casas.
El nombre del barrio también guarda parte de aquella historia. Los autores de El Zapillo, una ilusión compartida, Emilio Hernández Sierra y José Enrique Martínez Moya, sitúan su origen en la zapilla, una planta que, según su investigación, abundaba en esta zona antes de que adquiriera su configuración urbana actual.
Un barrio entre el mar y la Vega
A comienzos del siglo XX, El Zapillo todavía estaba lejos de parecerse al barrio actual. La documentación histórica sitúa allí una población vinculada principalmente a la pesca, mientras que alrededor se extendían terrenos agrícolas de la Vega.
Aquellos dos mundos estaban mucho más relacionados de lo que puede imaginarse desde el barrio actual. Según la investigación de los autores de El Zapillo, una ilusión compartida, pescadores y agricultores mantenían incluso intercambios de productos: unos aportaban pescado y otros frutas, verduras y productos de la tierra.
El paisaje comenzó a cambiar durante las primeras décadas del siglo XX. La proximidad de la playa hizo que la zona empezara también a atraer a veraneantes, mientras algunas familias levantaban viviendas y pequeños chalés junto al mar.
Villagarcía, el pequeño pueblo dentro del barrio
Una de las piezas más desconocidas de aquella historia es Villagarcía, un pequeño núcleo de casas bajas que quedó absorbido por el crecimiento posterior de El Zapillo.
La investigación histórica sitúa aquel antiguo vecindario en el entorno comprendido entre las actuales calles Cartagena y Quesada, la avenida Cabo de Gata y el Paseo Marítimo. Era un conjunto de viviendas bajas, huertas y espacios abiertos que fue desapareciendo a medida que avanzó la construcción de nuevos edificios.
Pero Villagarcía no ha desaparecido completamente. Todavía sobreviven ocho viviendas antiguas que permiten reconocer parte de aquel paisaje. Varias se encuentran en la calle García Cañas, donde algunas fachadas conservan elementos de aquellas casas que precedieron a los bloques.
Son pequeñas piezas de un barrio que prácticamente ha desaparecido del mapa urbano, pero que todavía puede reconstruirse siguiendo sus calles.
De las casas bajas a los primeros bloques
El cambio decisivo llegó a mediados del siglo XX. En 1954 se construyeron los grupos de viviendas Obispo Diego Ventaja y Jacinto Matarín, dentro de la expansión de la vivienda pública en esta zona de la ciudad.
Después llegarían décadas de transformación mucho más intensa. Durante los años sesenta y setenta, las casas bajas y los espacios abiertos fueron dejando paso progresivamente a bloques de viviendas. Villagarcía comenzó a perder su fisonomía y la antigua relación entre las pequeñas casas, las huertas y el mar quedó cada vez más escondida bajo el crecimiento urbano.
El proceso no fue inmediato, pero acabó modificando por completo el paisaje. El Zapillo dejó de ser aquella pequeña barriada vinculada a pescadores y agricultores y quedó integrado en la expansión urbana de Almería hacia el litoral.
Un barrio en la Almería del cine
Aquel proceso de transformación urbana coincidió con los años dorados en que Almería se convirtió en el gran plató cinematográfico del Mediterráneo. En 1962, la provincia acogió el rodaje de Lawrence de Arabia, una de las mayores superproducciones internacionales de la historia del cine, un despliegue masivo que transformó temporalmente la vida de la ciudad con su incesante movimiento de extras, técnicos y animales.
Cuatro años después, en el otoño de 1966, John Lennon dejó su propia huella en la fisonomía del barrio. Durante las primeras semanas del rodaje de la película Cómo gané la guerra (How I Won the War), el músico se alojó en un apartamento frente a la playa de El Zapillo, antes de trasladarse al mítico Cortijo Romero (hoy convertido en la Casa del Cine), donde compuso el clásico Strawberry Fields Forever.
Pero el vínculo del Zapillo con la vanguardia cultural de aquella época fue mucho más amplio. En el corazón del barrio abrió sus puertas Hoango, una emblemática sala de fiestas que durante los años sesenta y setenta se erigió en el epicentro de la modernidad almeriense. Este espacio, cuya memoria histórica y conexión con los movimientos artísticos y juveniles ha sido reivindicada por instituciones como el Museo de Almería, reunió a músicos, creadores y bohemios en un ambiente de apertura sin precedentes.
De este modo, El Zapillo no solo cambió su fisonomía física con la llegada de la arquitectura moderna. También se incorporó de lleno a la nueva vida social y cultural de una Almería cosmopolita que comenzaba a mirar decididamente hacia el exterior.
Los negocios que sobrevivieron al cambio
Hay otra forma de reconstruir el viejo barrio: seguir el rastro de sus comercios. El Ayuntamiento reconoció en 2024 a varios establecimientos del Zapillo que acumulaban medio siglo o más de trayectoria. Entre ellos estaban Autoservicio Isa, Carnicería Eusebio, Restaurante Mar Robles, Peluquería Puri, Farmacia Ayala, Restaurante Los Domínguez, Jamones Ruiz Baños y Peluquería Pepita.
Algunos comenzaron su actividad cuando todavía quedaban muchas más casas bajas y el barrio tenía una dimensión muy diferente.
Mar Robles, por ejemplo, abrió en 1964. Los Domínguez comenzó su trayectoria en 1973 y continúa formando parte de la vida cotidiana del barrio.
Son negocios que permiten contar la historia de El Zapillo desde otra perspectiva: no a través de edificios desaparecidos, sino de establecimientos que han permanecido mientras todo alrededor cambiaba.
El chiringuito que vio desaparecer la antigua playa
También la costa cambió completamente. El chiringuito El Sevillano nació alrededor de los años sesenta, cuando todavía no existía el actual Paseo Marítimo. Su historia está ligada a aquella antigua línea de playa y a las sucesivas transformaciones que experimentó el litoral.
La construcción del paseo modificó definitivamente esa relación entre el barrio y el mar. El proyecto del actual Paseo Marítimo del Zapillo fue redactado en 1986 por el arquitecto José Seguí. La actuación se desarrolló en distintas fases y quedó completada durante la década de los noventa.
El frente marítimo que hoy conocemos es, por tanto, relativamente reciente y se consolidó durante los años noventa.
Villa Pepita y el recuerdo de los antiguos chalés
Otra de las huellas se encuentra en el entorno de Villa Pepita, uno de los antiguos chalés de la primera zona de veraneo del Zapillo. El edificio fue levantado por el comerciante Deogracias Pérez Pérez, propietario de la relojería La Francesa, y dedicado a su esposa, Josefa Plaza Ortega.
El chalet acabó desapareciendo, pero el recuerdo de aquel espacio permanece. El parque de la actual Plaza Elena Pezzi se levantó sobre parte del antiguo jardín de entrada de Villa Pepita.
El lugar ha tenido después una historia muy diferente. Durante años fue conocido por algunos vecinos como el "parque oscuro", debido a problemas de inseguridad y deterioro. En 2026 el Ayuntamiento ha actuado sobre el espacio infantil de la plaza con un nuevo parque.
Es otro ejemplo de cómo un mismo rincón puede acumular varias vidas: primero chalet de veraneo, después espacio público deteriorado y ahora zona recuperada para los vecinos.
La memoria de los pescadores todavía permanece
El pasado marinero tampoco ha desaparecido por completo. La tradición vinculada a la Virgen del Carmen continúa formando parte de la identidad del barrio. La Hermandad del Gran Poder, con sede en la parroquia de San Pío X, mantiene cada año su procesión por las calles de El Zapillo.
Es una tradición que conecta el barrio actual con la memoria de aquella población ligada al mar.
No quedan aquellas pequeñas casas de pescadores que dieron forma al Zapillo de principios del siglo XX. Pero sí permanecen las calles, algunas viviendas, los comercios, las fiestas y determinadas costumbres que permiten seguir el hilo de aquella historia.
El Zapillo que queda
El barrio actual es el resultado de todas esas transformaciones. Los bloques sustituyeron a buena parte de las casas bajas, el Paseo Marítimo ordenó el frente litoral y nuevos equipamientos terminaron de integrar esta antigua periferia costera en la ciudad.
Pero el proceso todavía no ha terminado. En 2026 se están desarrollando actuaciones de rehabilitación, accesibilidad, pavimentación y mejora del alumbrado en El Zapillo y Los Pintores. También está prevista la creación de un refugio climático urbano en el Paseo Marítimo.
Quizá esa sea la mejor manera de entender El Zapillo: no como un barrio que ha perdido completamente su pasado, sino como un lugar donde todavía quedan pequeñas piezas de todas las épocas que ha vivido.
Hay que saber dónde mirar. Una casa antigua en García Cañas, un comercio que lleva abierto desde los años sesenta, una plaza levantada sobre el jardín de un antiguo chalet o una procesión que sigue recorriendo las calles pueden parecer elementos aislados.

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