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sábado, 30 de enero de 2016

Gordon Goody, el ladrón caballero

Gordon Goody halló en Mojácar un paraíso donde olvidar su pasado
30/01/2016 Manuel León

Tras el atraco, fue condenado a 35 años pero salió a los 12 y se vino a Mojácar donde regentó un chiringuito. Un vecino de celda le habló del pueblo y él  se ilusionó, se puso a estudiar español, soñando con su Zihuatanejo



Gordon Goody, tras un tiempo viviendo en una casa en Guardias Viejas, en la playa de Mojácar, se retiró a un cortijo cerca de Vera. 

Fue en la Isla de Wight, donde cumplía condena viendo volar cormoranes, donde otro preso con pijama de rayas le habló de Mojácar a Gordon. ‘Mojácar’: le sonó  a libertad, a utopía, a playas desnudas de pasado, donde hacer borrón y cuenta nueva en el libro de su vida.

Le sonó a ilusión por seguir viviendo, por mantener la llama del delirio encendida, a  un joven de Oxford, de poco más de 30 años que acababa de protagonizar el golpe del siglo. Se encariñó con esa tierra almeriense  sin conocerla,  colgado por ella sin saberlo, por las descripciones que le hacía su vecino de celda, sin haber pisado si quiera sus calles  o su arena, como las pisó luego. Se puso a aprender español con cintas de radiocasette, sabiendo que tenía por delante mucho tiempo. Pero la condena se quedó en 12 años, de los 35 iniciales, por un cambio de ley. Gordon Goody, la mañana de su libertad, se afeitó, se vio una década más viejo, hizo el petate y pensó en Mojácar, como Morgan Freeman pensó en Zihuatanejo.

Hasta Mojácar llegó en 1977 el cerebro del asalto al tren de Glasgow de 1963, el que fue portada de todos los periódicos del mundo, al que le correspondían tres millones de euros del robo pero que no llegó a disfrutar ni un penique.

Se compró el ladrón de guante blanco, el Dioni inglés, un apartamento en Guardias Viejas, en esa Mojácar playa que empezaba a consolidarse como el nuevo territorio donde nadie  preguntaba por el pasado. Compró uno de los primeros chiringuitos, con el aventurero nombre de Kontiki, a un compatriota primo de la Reina de Inglaterra. Y allí, frente al Parador de Turismo, con sus brazos tatuados y su semblante de tipo duro, se puso a  tirar pintas de cerveza y a brasear sardinas.

Artillero y peluquero

Lejos quedaban sus tiempos como mal estudiante, sus inicios como artillero real, su salón de peluquería en Fullham y sus primeros atracos a joyerías; lejos quedaban los preparativos para arramblar el tren postal de Glasgow a Londres, disputándose el liderazgo del grupo de 15 compinches, con Bruce Reynolds y Ronnie Biggs: él -el Gordon criado en Oxford, el tipo elegante de trajes de 500 libras y osamenta de gladiador- era quien tenía que llevar en la cabeza el croquis del golpe para que saliera bien: los horarios, el cambio de semáforo, los vehículos para huir y el escondite perfecto; lejos quedaban también los días escondidos en esa granja, jugando al monopoly, fumando hasta ahogarse, compartiendo con gatos latas de beens. Hasta que los pillaron por  unas malditas huellas en los platos y todo el castillo de naipes se derrumbó, todas las cuentas de la lechera se quedaron en eso, incluidos los 2,6 millones de libras que robaron, que equivaldrían a unos 46 millones de euros actuales.

Todo eso quedaba ya lejos para el nuevo Gordon, a pesar de que volvió a tropezarse con la justicia por presunto tráfico de hachis en 1986. Pero su vida ya se encamino por los senderos de la placidez, de los de un hombre tranquilo, aunque de labios apretados. Fueron transcurriendo los últimos años de su vida rodeado de una colonia de amigos que lo protegían de su pretérito imperfecto, con los que compartía el rosbif de los domingos.

Se mudó a un cortijo donde vivió rodeado de perros y gallinas junto a su compañera, invitando a cenar a sus íntimos, mirando siempre al infinito con sus ojos de águila, como cuando se preguntaba, tras la barrotes, si sería verdad que Mojácar era un pueblo de brujas y aquelarres.

Un ladrón de guante blanco que rehizo su vida

Había quedado con Ric Polanski, uno de sus viejos amigos de la Mojácar Golden, para comerse un asado la semana que viene. Aunque, con el enfisema que arrastraba, con todos sus achaques, era más bien un farol, un brindis al sol y él lo sabía. Ya tenía los huesos muy cuarteados y apenas salía.

Hubo otro tiempo en los que frecuentaba a sus amigos de Guardias Viejas, de la Paratá, a Graham, el escocés vendedor de libros de segunda mano. Un tiempo en los que solo Mojácar podía tener entre sus vecinos al más famoso atracador de la historia, con permiso de Luis Válor,  campando a sus anchas sin nadie que le tosiera.

Se le podía ver entre los camareros del bar El Arco, en las legendarias fiestas de Titos a la luz de la luna de Las Ventanicas, en el Koy de Mauro. Se le podía ver con el pelo amarillo, alto como una estaca, acariciando la cara de los niños de sus amigos en grandes celebraciones, con mesas corridas repletas de licores. Mojácar le enseñó a vivir, le hizo olvidar sus ganas enloquecidas de hacerse rico a costa de lo que fuese.

Fue un ladrón de guante blanco que nunca pegó un tiro, que le gustaba lucir rolex en la muñeca y calzarse zapatos italianos. Fue un jovenzuelo con ínfulas, en un barrio inglés de rapaces, que no supo escapar de la telaraña del hampa, hasta que llegó a la Mojácar de los 70, aquella en la que aún se mezclaba el pimentón con el blody mary, las enaguas con el biquini, las cabelleras rubias con los ojos oscuros como la noche.

Gordon, con su  porte de caballero inglés, nunca quiso hablar de su pasado, de lo que ocurrió esa larga madrugada del 8 de agosto de 1963, en la que en veinte minutos desvalijaron un tren entero.

Nunca quiso hablar de que él fue el cerebro, a pesar de que sus colegas, uno a uno, iban cantando la gallina, quebrando el código de silencio que habían pactado a fuego. Ayer volvió a ser noticia en todos los tabloides británicos. Su rostro afiliado, su flequillo rebelde de juventud, volvió a salpicar las páginas del Daily Mail, The Guardian, The Thelegraph, como hace ahora 53 años, cuando protagonizó una aventura que le persiguió toda su vida, hasta que descubrió Mojácar.

En esa tierra de adopción falleció ayer, sereno,  tranquilo, con los pulmones gastados, este cuatrero de trenes, este atracador que supo rectificar hasta llegar a ser querido por mucha gente. Toda esa gente que el domingo se concentrará al mediodía  en el tanatorio de Mojácar a recordarlo, a rendirle homenaje como al mejor de los amigos, al canalla inglés que supo levantarse a tiempo del barro.
Gordon Goody halló en Mojácar un paraíso donde olvidar su pasado

Un integrante de la banda del asalto al tren de Glasgow muere en Mojácar a los 86 años
RAÚL LIMÓN  | EL PAÍS   | Sevilla 29 ENE 2016

Gordon Goody, en una imagen de archivo.
Gordon Goody, en una imagen de archivo. Getty

“Un caballero”. Es la opinión de los vecinos de Mojácar (Almería) y de su Ayuntamiento sobre uno de sus vecinos más conocidos: el británico Gordon Goody, uno de los integrantes de la banda de 14 hombres que el 8 de agosto de 1963 asaltó en un cuarto de hora el tren que unía Glasgow y Londres y se llevó 120 sacas con más de 2,6 millones de libras (3,4 millones de euros). Goody, de 86 años y uno de los protagonistas del conocido como robo del siglo, ha muerto este viernes a la seis de la mañana, enfermo, de una parada cardiaca en Mojácar, una localidad costera donde se refugió en 1977, tras cumplir 12 años de condena. Allí abrió un chiringuito en la playa, el Kontiki, y acogió a media docena de mascotas abandonadas.

“Queda entre nosotros para siempre su sonrisa, su gran envergadura [medía casi dos metros], que no era suficiente para albergar el gran corazón abierto a todos los que se acercaban a él”, destacó este viernes el Ayuntamiento de Mojácar, para el que Gordon Goody ha sido un vecino ejemplar, “una persona que se aleja de la imagen que pudieran tener aquellos que no le conocían o que se podría tener a tenor de los difíciles años que marcaron gran parte de su vida”.

El Ayuntamiento ha querido rendir con estas palabras homenaje a un “caballero” que rechazó el futuro de fontanero que le ofrecía su padre y que abandonó pronto su oficio de peluquero para apostarlo todo a los 15 minutos que duró el atraco más famoso de la historia del crimen y que cambió la vida de todos los integrantes de la banda.

Goody fue detenido en Leicester pocos meses después del asalto al tren del dinero, gracias a las huellas que dejaron en un Monopoly con el que pasaron el tiempo tras el robo, en compañía de una modelo que había sido miss Gran Bretaña. Tras una docena de años en la cárcel, recaló en la costa almeriense, donde vivió en un céntrico apartamento rodeado de familiares, amigos y mascotas. "Junto a ellos ha muerto", resaltan los responsables municipales.

En los últimos años, también usaba un cortijo en Vera, una localidad situada a 20 kilómetros y donde podía pasear y disfrutar de sus animales. Otro de sus locales de referencia era el Pavana, un bar en lo alto del monte que ocupa el centro del pueblo y muy frecuentado por la numerosa comunidad extranjera durante todo el año.

Este ladrón de educación exquisita vivió como atracó, sin violencia, sin ruido. Durante el asalto, solo el maquinista resultó herido, única circunstancia de la que Goody se arrepintió siempre.

“Dejaste tu marca”, escribió un amigo suyo, Eric John Hughes, en un mensaje de condolencias en las redes sociales. “Y otra vez hemos perdido a un buen hombre y un amigo. Nunca te olvidaremos Gordon. Siempre estarás en nuestros corazones”, añadió otro amigo, Alois Strasky.

Gordon Goody era conocido por todo el pueblo, ha recordado este viernes un vecino de Mojácar propietario de un bar cercano al que montó el británico. "Pero nunca alardeó del robo, siempre se mantuvo discreto y con modales extraordinarios", ha añadido.
Gordon Goody, el ladrón caballero | Internacional | EL PAÍS

jueves, 28 de enero de 2016

La misteriosa odisea de Renato

Logra sobrevivir con 84 años tras caer con su avioneta en las frías aguas de Punta Entinas-Sabinar
28/01/2016  Manuel León


Renato Jiménez, de 84 años, ha hecho toda su vida de los vuelos su afición.   La Voz.

Nunca pensó Renato que encontraría la muerte entre el oleaje, a oscuras, en una mortaja de salitre, con las luces de un muelle  de lujo, al oeste de Almería, refulgiendo en la línea de la costa. Nunca hasta el anochecer del pasado lunes, día de San Marino, cuando un fallo en la avioneta que pilotaba, le hizo amerizar como un náufrago cualquiera en las frías aguas invernales de Almerimar en una epopeya que no olvidará lo poco o mucho que le quede de vida.

No era el Atlántico Norte del Titanic, ni las caribeñas aguas del desamparado Luis Alejando Velasco, relatadas por García Márquez, era el rebalaje de Punta Entinas Sabinar, donde Renato Jiménez, un melillense de 84 años, creyó encontrar la muerte en un ataúd con hélice y alerones.

“Creí morir”, decía ayer Renato, a través del celular de su hija Susana, al llegar de vuelta en el ferry de Almería a Melilla. “Pasé mucho frío,  mucho miedo, el agua cortaba como cuchillo”, transmitía Renato, antes de  abrir la puerta de su casa y tomarse una pastilla para dormir.

De visita a Murcia
La truncada odisea de Renato, un antiguo empresario de materiales de construcción aficionado a la aviación, comenzó cuando el sábado cogió el barco de Trasmediterránea para ir a visitar a su familia en Murcia, sin saber que se iba a librar del susto de un terremoto de grado 6,3 en su ciudad, pero que se iba a llevar un soponcio mayor.  El lunes Renato se levantó con ganas de pilotar, como lleva haciéndolo desde que tenía 15 años, en un lejano 1947. Se fue al aeródromo de Los Martínez del Puerto, una pedanía de la huerta murciana, donde tenía hangarado su aparato, al que quería pasarle la revisión  en Almería.

A las 17.30 enfiló la proa rumbo a la ciudad de la Alcazaba de Almutasim, pero algo le hizo continuar hacia Poniente, en vez de aterrizar en El Alquián, sobrevolando interminables hectáreas de invernadero desde su atalaya celestial. Hasta que el aparato tuvo un fallo mecánico y fue forzado a hacerlo descender in extremis, sobre la lámina de agua, no azul, sino oscura como la pez, tras haberse puesto el sol horas  por Sierra de Gádor.

Todo ocurrió deprisa: el agua salada entrando en la cabina de la avioneta ya a la deriva a unos 200 metros de la playa, el rumor de las olas en el exterior, sintiendo ya todo el frío del mundo en sus huesos, el olor a estopa y a salitre.

Espíritu juvenil
Pensaría quizá, Renato, en esas viejas películas de balleneros que caían al mar y que morían por congelación. Pero  apostó por convertirse en un héroe, por ponerle galones a una maltrecha biografía de trabajo y sinsabores. Olvidó las décadas de vida que le habían cuarteado los huesos y sacó el espíritu juvenil del almario para pegarle un puntapié a la puerta del piloto y echarse al agua y bracear y bracear, tiritando, sobre unas aguas gélidas, como un forzudo Popeye bajo la noche estrellada.

Llegó a tierra el anciano Renato, a la zona pantanosa de Punta Entinas, creyendo que era una jungla llena de manglares, caminando aterido, con las ropas empapadas entre fango y cañaveral. Allí se quedó, no pudo más, le pudo el miedo a la oscuridad y se agazapó para pasar la noche y la madrugada como un corderillo, entre carrizales y lentiscos, oyendo su propia respiración y el aleteo de las aves.

Allí estaba el experimentado piloto a muchos kilómetros de su cama melillera, con   hambre y sed atroces, con ampollas en las manos, sin una manta con la que taparse, sin un mal  trago de whisky con el que calentarse las tripas.

En esos instantes críticos para el vendedor de vigas y bovedillas, un amigo había alertado ya al 112 de la desaparición de la aeronave a unas 10 millas al sur de Punta Sabinal. Un equipo de salvamento peinó la zona sin dar con él hasta la mañana siguiente, cuando lo encontraron desorientado, hipotérmico y lo evacuaron al Hospital del Poniente donde a las pocas horas fue dado de alta, como un partisano en el campo de batalla. Justo cuando llegó su hija Susana de Melilla para darle un abrazo, para ponerle un anorak por encima  y prometerle una sopa caliente, a cambio de que Renato, el héroe de Almerimar, el valiente náufrago melillense, ponga punto y final a su trayectoria como émulo de Ulises.
La misteriosa odisea de Renato

"Me sentí aislado y sin poder salir, pensaba que no saldría de allí"
El piloto de 84 años accidentado en Almerimar dice que tuvo que "dejarse caer" al no poder comunicarse con el aeropuerto
JUANA MARTÍNEZ / EFE | ACTUALIZADO 28.01.2016


Un cámara de Canal Sur graba en el lugar en el que apareció la avioneta de Renato Jiménez.

El piloto de la avioneta accidentada en la costa almeriense es un vecino de Melilla de 84 años, Renato Jiménez, quien tuvo que amerizar tras sufrir una avería eléctrica y después nadó unos 40 metros hasta la costa, aunque no pudo salir y pasó unas catorce horas en el agua antes de ser rescatado.

Así lo ha relatado hoy a Efe este empresario jubilado de origen murciano, residente en Melilla desde hace 50 años y amante de la aviación, que antes de volver a su hogar exclama: "Es una historia como para no repetirla. No vuelvo a montarme en un avión en mi vida!".

Jiménez despegó a las 17 horas del domingo desde el aeródromo Los Martínez del Puerto, en Murcia, ya que a su avioneta "se le caducaba la documentación el 2 de febrero y tenía que llevarla a Córdoba", pero el hombre "andaba mal de tiempo" y acordó con el servicio técnico dejar la aeronave en Almería. Precisamente se trataba de la última de las siete aeronaves que ha llegado a poseer "por afición" este amante de la aviación, que obtuvo su primera licencia como "piloto de vuelo sin motor" con 15 años y que practicaba esta actividad "muy a menudo".

"Me faltaba poco para llegar a Almería cuando el avión tuvo una avería eléctrica y me quedé sin comunicación, no tenía ningún instrumento", a excepción de un teléfono "con poca batería" con el que intentó comunicarse sin éxito.

Ante la imposibilidad de anunciar su presencia, descartó acceder "al espacio aéreo de Almería" porque "podía producir una colisión, había un gran riesgo", por lo que optó por buscar "un sitio donde dejarme caer" y planeó a lo largo de la costa.

Así continuó hasta que eligió un punto que le pareció "adecuado, aunque, por cierto, no lo era" para realizar el amerizaje cerca de la costa en la barriada de Almerimar, en El Ejido. "Lo volvería a hacer mil veces", insiste Jiménez, quien relata cómo tras hacer la maniobra lo mejor que pudo, la avioneta "comenzó a hundirse".

El hombre nadó los 40 metros que lo separaban de la orilla aunque al llegar se encontró con "la sorpresa de que aquello era como un descampado", apunta refiriéndose al paraje natural Punta Entinas Sabinar, donde se vio "aislado y sin poder salir, porque todo era pantanoso y si intentaba dar un paso me volvía a hundir".

De esta forma buscó "unos matorrales" entre los que pasó la noche "temblando", desde las 18 horas del domingo hasta las 9 horas del lunes, "en el agua, sin nadie que me asistiera, sin teléfono con el que poder dar avisos, sin nadie que me viera". "Durante la noche pensaba que no saldría de allí porque cada vez aquello iba a más y yo estaba ya hecho un témpano de hielo, dando tiritones, sin saber dónde agarrarme o cómo moverme, porque si me movía, me hundía más".

Sin embargo, con las primeras luces del día, vio "un poco de tierra firme y algunas pisadas" que empezó a seguir y que lo llevaron a encontrar huellas de bicicletas, y a continuación a una pareja que llamó a la Guardia Civil.

"No sé ni cómo pude salir de allí", repite el hombre antes de recordar cómo una ambulancia lo trasladó hasta un hospital ya que presentaba "una hipotermia, no podía hablar, no me podía mover ni andar". Tras recibir el alta médica, Jiménez dice sentirse mejor, aunque aún tiene "dificultad para andar".
"Me sentí aislado y sin poder salir, pensaba que no saldría de...

sábado, 7 de noviembre de 2015

El caso Almería

Luces en el Horizonte – Crónica negra 8: El caso Almería
Publicado el septiembre 5, 2015 por lucesenelhorizonte




Octavo episodio del podcast paralelo de Luces en el horizonte: crónica Negra. Un nuevo caso, con una película;, el conocido como: El caso Almería. Trataremos la película con todos sus spoilers y recordaremos quiénes estaban detrás. Luego profundizaremos en el caso real, con cortes de audio de informativos de la época, de programas de tv y de radio. Esperamos que os guste.

Presenta y dirige: Luis Martínez Vallés

http://www.ivoox.com/luces-horizonte-cronica-negra-8-audios-mp3_rf_7833622_1.html
Luces en el Horizonte – Crónica negra 8: El caso Almería | Luces en el Horizonte

Almería, el lejano oeste

Domingo 20 de junio de 2004 | Suplemento Crónica 453
EL MUNDO |  ANIBAL MALVAR 

Almería, el lejano oeste

La tierra donde se rodaron los «western» con más muertos, sangre y disparos se está transformando en escenario de una película de forajidos de verdad, donde un pistolero cuesta 3.000 euros.




EL PATRIARCA. Juan Asensio apareció muerto, el pasado 6 de febrero, en el ascensor de su casa con dos tiros en la cabeza. Esta semana, su hijo mayor acababa con la vida de uno de los guardaespaldas de su padre. ENCARNI SALAS

Don Giuseppe estudia al periodista desde el otro extremo de la barra. Lo hace con disimulo, desviando subrepticiamente la mirada de una rubia de ciencia-ficción que brinca cerca de él, accionada por el dum-dum de la música discotequera. Mientras Don Giuseppe se piensa si va a atender o a ignorar al periodista, ordena, muy disimuladamente también, a una de sus camareras que le rellenen la copa. A Don Giuseppe habrá que esperarlo, pero eso no significa que haya que olvidar la hospitalidad. La gente educada entre la camorra napolitana es ante todo eso: educada.

La camarera agita los hombros bailongos antes de servir el whisky.Se menea sin mudar su gesto serio. Todos los camareros del Teatro Dolce Vita, la discoteca más in de Almería, bailan un poquito ante los clientes antes de derramar en el vaso la consumición.No es un baile espontáneo. Se nota que es consigna de la casa.En el feudo de Don Giuseppe, todo el mundo tiene la obligación de pasarlo de miedo. Sobre todo los que están en nómina.

Don Giuseppe también parece estar pasándolo bien. Se ríe discretamente de la cháchara inagotable de su pupilo, un efebo completamente vestido de negro que no se separa de su lado ni cuando va a mear.El chaval no pasará mucho de los 20 años, y sus gestos nerviosos delatan que a su madre se le cayó de recién nacido en la marmita de la cocaína, como le sucedió a Obélix en la de poción mágica.

Por la discoteca se desperdiga otra media docena de clones de Obélix, todos vestidos con la misma camiseta negra y el mismo pantalón enlutado. No pasan desapercibidos entre la jauría brincadora que puebla la madrugada del jueves, porque son los únicos que ni beben ni bailan.

En la puerta están los más robustos. Media docena de enlutados que discuten sobre gimnasios. Cada uno medirá por lo menos medio metro. De hombro a hombro. Finalmente, uno de estos armarios de negro se acerca al periodista. Es un argentino guapo, engominado, simpático, vacilón y con cara de saber pegarte un tiro si te pones gilipolllas.

-Don Giuseppe lo lamenta -dice con ironía-, pero no va a hablar con usted. Han pasado muchas cosas. Compréndalo. Han venido muchos policías preguntando, pero un periodista...

La policía fue a preguntarle por rutina. Porque cuando muere alguien de mala muerte hay que preguntarle a Don Giuseppe, por si acaso sabe algo. Bueno, saber siempre sabe. Por si acaso quiere decirlo. No sería la primera vez. Le preguntaron cuando el pasado seis de febrero su ex socio, ex amigo y ex enemigo Juan Asensio apareció muerto en el ascensor de su casa con dos tiros en la jeta. Y le preguntan también ahora que el ex policía y ex guardaespaldas de Asensio, Antonio Bernabé Capel, alias El Chino, ha sido abatido en pleno centro de la ciudad por el hijo mayor de Asensio.

Don Giuseppe no está implicado en ninguno de los dos crímenes.Nadie lo duda. A pesar de que en 1991 fuera detenido en un vehículo con media docena de sicarios armados con pistolas y escopetas cuando se disponía a ajustar cuentas con su ex socio y ex amigo.

LA CAMORRA NAPOLITANA

Desde los años 80, Giuseppe D Amico es el nuncio del clan Stabile, de la camorra napolitana, en Almería. Ha creado un imperio hostelero (sic) en la provincia andaluza. Sólo tenía un rival que le hiciera sombra: Juan Asensio. Es difícil eclipsar a un tipo sobre el que caen sospechas de haber matado a su padre en 1966, a su mujer en 1985, y de haber intentado también mandar a criar malvas a su propio hijo cuando éste llevó sus sospechas a la policía.Lo cuenta el propio Antonio Asensio, cinco meses después del asesinato de su padre.

Juan Asensio y Giuseppe D Amico llevaban 25 años, hasta la muerte del primero, demostrando que el spaguetti western no es un género caduco en Almería. Lo trasladaron de la pantalla a los periódicos y del siglo XIX al XXI: presunto tráfico de armas, de drogas, de sicarios del Este, de putas y de inmigrantes. Vendettas a tiros en plena calle, como la del lunes. Amenazas públicas de muerte trasmitidas a través de la prensa. Ajustes de cuentas familiares que hacen que los Corleone parezcan un rosario de cooperantas de Unicef.

Juan Asensio había nacido en 1933. El hijo de Juanico el de Alhama y de María Rodríguez se crió en una familia acomodada que alimentó sin apuros a sus seis vástagos gracias al entonces floreciente negocio del esparto. Pero, cuando Juan llegaba a la adolescencia, el viejo Juanico empezó a cultivar la querencia por la botella que, según los biempensantes, le llevó a la muerte. Sobre todo cuando Juanico se metió, en 1954, en el negocio de los cines.Fundó los Monumental y no funcionaron. Además, Juan, con ventipocos años, dejó embarazada a su novia de 16, y ya eran demasiadas bocas que alimentar. El chaval decidió marcharse a Brasil a probar fortuna.

Allí trabajó como electricista sin mucha suerte. Hasta que un día de 1959 llegó una carta de Juanico a Brasil: «Hijo, si vuelves y te haces cargo de los negocios lo pongo todo a tu nombre».Así es como lo recuerda Antonio, el segundo nieto de Juanico, que aún no está muy seguro de si su padre mató a su abuelo o sólo se intentó aprovechar de unas circunstancias favorables.

Porque Juanico, a los cuatro años de ceder la titularidad de todos los negocios y posesiones familiares a su hijo, quiso recuperar el mando. Juan Asensio, tras aceptar la oferta de su padre, demostró una habilidad insólita para cimentar el germen de una fortuna económica que hoy se estima en poco menos que 100 millones de euros.

En 1966, tras varios años demandando a su hijo que le devolviera lo que era suyo, Juanico apareció muerto en una carretera. Hay dos versiones de aquel hecho. La mejor intencionada argumenta que Juanico estaba tirado en la calle, como tantas otras veces tras sus excesos alcohólicos, y que cuando los hijos se acercaron a recogerlo lo encontraron muerto.

Juan pensó en la indemnización por accidente, y compró al conductor de la ambulancia para que pasara la rueda del vehículo sobre la cabeza de su malhadado padre. En la versión más descarnada de la historia se sugiere que Juan Asensio habría comenzado su carrera criminal asesinando a su propio padre.

Desde aquella fecha hasta 1985 Juan Asensio aprovechó el boom desarrollista de la España transicional y asentó su fortuna.En Almería era fácil hacer negocios. El turismo empezaba a convertirse en un fenómeno gratamente endémico para una provincia pobre y siempre amenazada por el desierto. Los viejos cines Monumental dieron paso a otros negocios. «Yo creo que mi padre, más que meterse directamente en negocios sucios, lo que hacía era prestar el dinero», sugiere ahora Antonio Asensio.

EL ASESINATO DE LA MADRE

Tras la muerte a tiros de su madre en 1985, Antonio no dudó en acusar del asesinato a su propio padre. Angeles García Dionis.Después de 31 años casados, Angeles había pedido el divorcio y la separación de bienes. Se hablaba ya entonces de una fortuna que rondaba los 8.000 millones de pesetas de entonces. Y, además, ella sabía que su marido mantenía relaciones con otra mujer, María Dolores Roda. Angeles fue acribillada por la espalda en el portal de su casa el primero de marzo.

Su marido fue el único sospechoso. Pero salió absuelto. A pesar de que su amante reconoció que había lavado de sangre las ropas de Juan Asensio y de que lo había visto tirar al retrete varios casquillos de bala. Lo relata el periodista Joaquín Abad, que entonces dirigía La Crónica de Almería y que sufrió dos intentos de asesinato por parte de sicarios contratados por Asensio. «En aquella época ya funcionaba como un mafioso, con todo un entramado de gente de la calle, de la política y de la policía que lo protegían».

El propio juez Baltasar Garzón intentó, desde la Audiencia Nacional, relacionar a Asensio con operaciones de narcotráfico. Sin éxito.Siempre había una coartada. Alguien que juraba por sus hijos no haber escuchado el nombre de Juan Asensio en toda su vida, aunque antes lo hubiera delatado. Y los testigos que una vez dijeron que le habían visto tomar el café con el capo cada tarde, se retractaban en la segunda declaración con el rostro empalidecido de miedo.

«Se le dejó hacer y se convirtió en un intocable. En aquella época, no se le daba mucha importancia a estos personajes. Pasaba como en tu tierra, Galicia, con los narcotraficantes. Eran considerados más como benefactores que como delincuentes. Traían riqueza, y esta es una provincia muy pobre. Pero de aquellos polvos vienen estos lodos. ¿Sabes que cuando detuvieron a Asensio en el 92 le incautaron un escáner de la Policía?». Quien habla es un agente veterano, ya retirado, que compartió servicio con El Chino, quien abandonó el uniforme para convertirse en guardaespaldas de Juan Asensio. «En su época era un buen policía. Yo no voy a juzgarlo.Pero entonces aquí empezaba a haber dinerito fácil. La tentación era muy grande».

ORGANIZAR LA RED

Asensio se encontró con Giuseppe D Amico en la década de los 80. El italiano había desembarcado en Almería con fundamentados conocimientos sobre cómo se organiza una buena red criminal sustentada por tapaderas semilegales, como las que tenía Asensio con sus cines y sus negocios inmobiliarios. «Una provincia turística, como esta, es el paraíso de los que quieren blanquear. Yo creo que éste se vino a España para eso. Trabajó una temporada para sus patrones italianos y luego se independizó. Pero esto no lo pongas. Son todo suposiciones», especula el veterano policía.

-¿Pero se puede hablar de mafia?

-Claro que son mafias. Y hasta ahora se notaba menos. Pero ahora están viniendo los del Este y estos dos los están contratando a todos.

-¿Cómo entran?

-Mira, para meter armas, drogas o gente en Almería o en cualquier sitio de la costa sólo te hace falta un buen yate. Los puertos deportivos no están controlados. Son competencia de la Policía Nacional, pero eso es el limbo, una entrada con derecho a barra libre -responde, ahora, Ginés Rueda, secretario general de la Unión Federal de Policía en Andalucía oriental.

Normal que no controlen los puertos deportivos, dice el ex compañero de El Chino. «En una provincia que depende tanto del turismo, no es bueno molestar a los turistas de calidad, a los de dinero.Y éstos llegan a veces en yate», explica el ex compañero de El Chino.

Pero el asentamiento de estas dos familias criminales, que hasta la muerte de Asensio se repartían la provincia (el futuro es una incógnita, pero la familia del almeriense parece desarticulada), ha sido, según este policía, causa directa de que en seis años la delincuencia en la provincia se haya disparado. Entre 1996 y 2002, el número de diligencias judiciales aumentó en un 70%.El doble que en el resto de España, donde el crecimiento se situó en un 35.6%.

Ya en el año 2000, el diputado socialista Diego Asensio advertía de la escalada delincuencial en la provincia. En aquel ejercicio, el número de delitos registrado en Almería multiplicaba por 16 al de la conflictiva Euskadi.

Fuentes policiales destacan ante CRONICA su preocupación por lo que pueda pasar en los próximos meses. Con la muerte de Asensio y de El Chino, la organización está descabezada. No hay herederos naturales. «Todos estos ex militares del Este que están llegando no van a acabar de porteros en las discotecas de D'Amico. Aunque les paga muy bien. ¿Has visto qué coches llevan? ¿Y qué ropa?», se pregunta el policía retirado.

Para una persona bien preparada que quiera integrarse en una organización de este tipo en Almería resulta fácil contactar con sus contratadores. Basta con la pequeña inversión que supone inscribirse en un gimnasio. Allí es donde se contacta. Como reclamo sólo hay que tener unos buenos músculos y esa disciplina física que nunca abandona a los ex militares.

Se reconocen entre ellos. Se buscan. Siempre hace falta gente.O se organizan entre desheredados para dar su golpe preferido: asalto a mano armada a joyerías: «Las joyas las colocan muy bien.Son su especialidad. Pasa en Levante y pasa en Madrid. Son gente muy curtida. No les preocupa que les vean. Van a cara descubierta y con las armas al aire. Los delincuentes españoles no tienen cojones para hacer un trabajo así, a plena luz del día. Pero éstos están tan acostumbrados a matar y a que los maten, que les da igual».

D'Amico cuida a estos nuevos mercenarios. Se les puede encontrar a las puertas de cada uno de sus innumerables pubs y discotecas.Los que están en nómina son los legales, vestidos de riguroso negro (en invierno, cuando la ropa más holgada les permite llevar hierro sin dar el cante, dejan enseñar el arma bajo la chaqueta al primer atisbo de problema).

Los no legales mariposean por los alrededores. Se les puede contratar por 3.000 euros para matar a alguien. Antonio Asensio cree que el asesino de su padre salió de ahí. Y sospecha de la mujer que contrató al sicario, aunque no quiere dar nombres. Su propio padre estuvo a punto de asesinarlo (le amenazó, mandó que empotraran un todoterreno en el escaparate de su negocio para que retirase la denuncia) hasta que se retractó y retiró la denuncia contra él por el asesinato de su madre.

Antonio Bernabé Capel, El Chino, murió el pasado lunes a manos del hijo mayor de Juan Asensio. Eran las 12 del mediodía. El hijo del capo transitaba por la céntrica calle García Lorca cuando vio el todoterreno que había sido de su padre conducido por su hermanastro, Roberto López, y con El Chino como copiloto. El Chino, como testaferro del viejo Asensio, se había quedado con una buena tajada del patrimonio del capo al fallecer éste. Pero fue el provocador.

Nadie sabe por qué. Empezó a gritarle «maricona» a Juan José.Se enzarzaron en una pelea. Juan José fue detenido con la cabeza abierta y media cara deformada. Pero disparó primero. Desde la muerte de su padre, había frecuentado con más asiduidad las galerías de tiro. «Estoy asustado. Me va a pasar algo», le decía a su hermano Antonio.

En este lejano oeste de Almería, Antonio fue el único de los Asensio que no aprendió a matar. Ahora puede ser el heredero de una enorme fortuna y de una organización criminal, pero no quiere ni pensarlo. Tiene una tienda de ropa para niños. Las únicas pistolas que le gusta ver aparecen en su comercio con las rebajas de enero, cuando los niños aún no han tenido tiempo de destrozar sus regalos de reyes. Pero reconoce que se estremece cuando los niños disfrazados de cow-boy desenfundan y le dicen: «Antonio. Pum».

ONCE ASESINATOS EN APENAS SEIS MESES

En sólo seis meses, una provincia como Almería, con apenas 500.000 habitantes censados, ha visto cómo morían de forma violenta 11 personas. Crímenes pasionales o ajustes de cuentas por narcotráfico y prostitución han teñido de sangre el desierto almeriense.

Apedreado. 10-I-2004. José García Carretero, taxista de 52 años, aperece muerto en un descampado de las afueras de Almería. Presuntamente, un ciudadano marroquí le ofreció los servicios seuales de un menor de la misma nacionalidad recién llegado, sin papeles. Una vez en el descampado, el enlace se marchó a pie. El menor quizá no había entendido las razones de su presencia allí, y ante el acoso sexual del taxista reaccionó violentamente. Armado con una piedra, descalabró al taxista.

Estrangulada. 25- I- 2004. María Alcalde, vecina de Adra y de 43 años, vio cómo tres ucranianos violaban a su hija deficiente mental, de 23. Intentó socorerla y fue estrangulada por los agresores.

Ahorcado. 5-II-2004. I.K., ciudadano lituano de 33 años, aparece ahorcado del brazo de una pala excavadora en un semillero de Níjar. Dos compatriotas suyos fueron detenidos. Al parecer, se trató de un ajuste de cuentas público: querían que el cadáver sirviera de ejemplo para aquellos que tienen ideas propias y se desvinculan de la empresa. De hecho, cuando lo colgaron ya estaba muerto. La autopsia desveló que había fallecido a causa de una brutal paliza propinada en otro lugar.

Tiroteado. 6- II-2004. El empresario Juan Asensio aparece en el ascensor de su casa con dos disparos en plena cara. La policía sospecha de un profesional contratado. También es posible que se trate de una persona muy allegada al capo almeriense. Conocía sus rutinas. Cuando fue asesinado, acababa de depositar en el contenedor del céntrico edificio almeriense la basura.

Apuñalado. 3-III-2004. José Pérez Moral, toxicómano de 42 años, aparece muerto en el portal de su casa del barrio de Pescadería desangrado tras recibir 22 puñaladas. Su agresor, M.L.P., también toxicómano, fue detenido a las pocas horas. Al parecer, el móvil del crimen fue una simple disputa por el presunto robo de un televisor por parte del asesinado.

Parricidio. 20-III-2004. I.O.M., ciudadano marroquí de 37 años, mata a su esposa en Roquetas y huye. Intenta cruzar la frontera francesa pero es identificado y detenido en Tarragona.

Reyerta. 26-III-2004. R.L., marroquí de 32 años, resulta muerto en la Joya, en plena calle, tras una reyerta. Tres compatriotas suyos son detenidos. Todos ellos estaban vinculados a negocios de prostitución y blanqueo de dinero procedente de otros clanes.

Con un punzón. 7-IV-2004. José Invernón López, de 52 años, es encontrado muerto en su casa de la calle Jacinto Anglada, en la localidad de Vera. Tiene un punzón para el hielo clavado en el cráneo. No hay detenidos ni pistas fiables.

Acuchillado. 8-IV-2004. Manuel López Sierra, de 21 años, es acuchillado a las puertas del video pub almeriense Mediterráneo. Otro joven de 20 años es el único detenido. Al parecer, se trata simplemente de una riña aderezada con alcohol a causa de una chica.

Celos. 18- IV-2004. El ex marido de la compañera sentimental del toxicómano José Francisco Reyes lo asesina en su domicilio.A.F.S.P., alias El Bandi, es detenido a las pocas horas.

Tiroteado. 14-VI-2004. Juan José Asensio García, hijo mayor del empresario mafioso Juan Asensio, tirotea en plena calle, a mediodía, al ex guardaespaldas de su padre.
EL MUNDO | Suplemento Crónica 453 - Almería, el lejano oeste