domingo, 19 de julio de 2020

El Cable Inglés. Mirando al futuro

El Cable Inglés. Mirando al futuro - Asociación Amigos de la Alcazaba

El despoblado de Teresa

El despoblado de Teresa - Asociación Amigos de la Alcazaba

Un rincón evocador

Un rincón evocador - Asociación Amigos de la Alcazaba

El Fraile, mucho más que un cortijo

El Fraile, mucho más que un cortijo - Asociación Amigos de la Alcazaba

El Tesoro de Tíjola la Vieja

El Tesoro de Tíjola la Vieja - Asociación Amigos de la Alcazaba

El Barrio Andalusí del Mesón Gitano

El Barrio Andalusí del Mesón Gitano - Asociación Amigos de la Alcazaba

Camino Viejo, camino olvidado

Camino Viejo, camino olvidado - Asociación Amigos de la Alcazaba

lunes, 6 de julio de 2020

La fauna de África ‘revive’ en La Hoya

La fauna de África ‘revive’ en La Hoya
La reintroducción de gacelas de Cuvier criadas en la capital recupera la especie en su hábitat

La gacela de Cuvier es un animal en peligro de extinción.
La gacela de Cuvier es un animal en peligro de extinción. LA VOZ
 
LA VOZ  • 06 JUL. 2020

Un equipo científico, liderado por la investigadora de la Estación Experimental de Zonas Áridas (CSIC) Eulalia Moreno Mañas, ha coprobado cómo ejemplares que forman parte del Programa Europeo de Cría en Cautividad de la gacela de Cuvier son perfectamente aptos para ser utilizados como individuos fundadores en proyectos de reintroducción, en concreto el liderado por la investigadora Eulalia Moreno en 2016, en el Parque Nacional Jebel Serj de Túnez.

En octubre de 2016, 43 gacelas de Cuvier (12 machos y 31 hembras) constituyeron el grupo fundador de esta reintroducción. Fueron seleccionadas de entre los más de 300 individuos que componen la población cautiva a nivel europeo, y procedían de la Finca Experimental la Hoya, instalación singular del CSIC en Almería, y del Oasis Park Fuerteventura, núcleo zoológico que colabora con el CSIC desde 2006 en el programa europeo de cría en cautividad de esta especie.

“Los animales fueron liberados en cercados de aclimatación para su adaptación previa a la liberación en la naturaleza, y se estudiaron los parámetros demográficos de la población durante tres temporadas reproductivas” explica la investigadora del CSIC, Eulalia Moreno.


Gacelas

La población creció hasta los 80 individuos en los 3 años de proyecto, la supervivencia de los jóvenes nacidos cada primavera aumentó progresivamente, a la vez que disminuyó su mortalidad; y lo que es más importante, más del 50% de las hembras nacidas en Túnez en 2017 , han tenido no sólo hijos, sino también nietos, lo que da una medida objetiva del potencial demográfico y evolutivo de los individuos utilizados como fundadores en la reintroducción, algunos de los cuales han llegado a ser bisabuelos en apenas tres años.

La gran mayoría de ellos están siendo capaces de dejar su acervo genético en su nuevo ambiente tunecino, a pesar del elevado nivel de consanguinidad alcanzado en cautividad. “Las liberaciones periódicas de la Dirección General de Bosques de Túnez, continuarán reforzando la población salvaje de gacela de Cuvier en el futuro”, concluye Moreno.
La fauna de África ‘revive’ en La Hoya | La Voz de Almería

La primera playa de agua caliente

La primera playa de agua caliente


EDUARDO DE VICENTE 07:00 • 06 JUL. 2020

Los niños de hace medio siglo  conocimos aquella playa extraña, como sacada de una novela de ciencia ficción, que aparecía frente a las chimeneas de la Central Térmica del Zapillo. Era una playa con un aire lunático, llena de rocas oscuras y con el agua descolorida por el contacto con los motores de la fábrica. La conocíamos como la playa del agua caliente, un lugar prohibido en el que siempre había alguien bañándose. Lo más atractiva de aquella cala urbana era la sensación que tenías de estar saltándote la ley, desobedeciendo aquel cartel que nos indicaba el ‘prohibido bañarse’.

No fue la única playa de agua caliente que tuvo Almería. Los más veteranos, aquellos que han pasado el umbral de los setenta años, se acuerdan de la primitiva playa del agua caliente que estaba en las Almadrabillas, cerca de los terrenos del balneario de Diana, frente a la zona conocida como Villacajones. Aquella pequeña playa recibía el calor del agua de los motores de la antigua Térmica, la que estaba situada en la actual de Avenida de Cabo de Gata, en el solar donde en los años sesenta montaron las naves municipales y el Parque de Incendios.

Los niños de la posguerra conocieron bien aquella primitiva playa del agua caliente. En aquel tiempo la gente tenía una manera distinta de vivir la playa. No existía la cultura del ocio actual ni la necesidad social de estar moreno. La playa era un lugar de escapada, un buen escenario para olvidarse de la pobreza cotidiana, de la humedad y de las estrecheces de las casas y del polvo insoportable de las calles por donde no pasaba la regadora. Lo habitual era ir a la playa en familia y siempre por las tardes, cuando el sol empezaba a quitar el pie del acelerador.  Eran grupos liderados por mujeres, siempre cargadas de niños, con la cesta de la merienda y la garrafa del agua a cuestas.

Las mujeres, que en su mayoría no se quitaban la ropa de diario ni en la playa, víctimas de la absurda moral de la época, disfrutaban con esa sensación de meterse hasta las rodillas en el trozo de playa por el que salía el agua caliente. Se decía entonces que aquellos baños eran buenos para el reuma.

La playa del agua caliente de las Almadrabillas pasó a ser historia a finales de los años cincuenta, cuando construyeron la moderna Central Térmica del Zapillo y los motores se los llevaron al camino de la vega.

Las obras  comenzaron en el mes de enero de 1956, sobre unos terrenos de 65.000 metros cuadrados, junto al Camino de Jaúl, (entonces no urbanizables), por su favorable ubicación, ya que estaban alejados del núcleo urbano y a una distancia considerable del rio Andarax, por lo que no existía riesgo de inundaciones en caso de riadas.

El 23 de julio de 1958, se conectó la Central Térmica y el 30 de abril de 1961 se llevó a cabo la ceremonia de inauguración, a la que asistió el Jefe del Estado, Francisco Franco, junto a las autoridades locales. La Térmica nos trajo una industria  que durante décadas dio puestos de trabajo en la ciudad y nos regaló una playa de agua caliente que en los años setenta se convirtió en un sanatorio marítimo donde iba a bañarse todo el que tenía una molestia muscular o padecía alguna enfermedad de los huesos.

El mar cogía una temperatura elevada, después de servir de refrigeración para los motores de la Central. El agua, de vuelta, llegaba ardiendo, pero al mezclarse con el mar tomaba una  temperatura de unos treinta grados que permitía bañarse con tranquilidad.

Durante décadas, miles de almerienses se relajaron en aquellas aguas que en su tiempo también suscitaron polémica. Se decía que aquellos baños eran buenos para los que sufrían problemas de artrosis y dolores musculares, mientras que otros acuñaron la leyenda de que eran perjudiciales y producían cáncer.  Era habitual ver en aquellas aguas a gente mayor, inquilinos de la Residencia de Ancianos, que buscaban el agua caliente para aliviar las enfermedades de la edad.

Fue nuestra segunda  playa de agua caliente, los baños termales de una generación.
La primera playa de agua caliente | La Voz de Almería

Nuestra Estación de Ferrocarril

Nuestra Estación de Ferrocarril
Entrega 49 del Ciclo de artículos ‘Desde Mi Ventana’, de Amigos de la Alcazaba

Fotografía de la estación en una recepción militar de autoridades.
Fotografía de la estación en una recepción militar de autoridades. LA VOZ
 
JESÚS MARTÍNEZ CAPEL  • 06 JUL. 2020

Hace 125 años, tras la puesta en servicio del tramo Almería- Guadix de la línea férrea Linares-Almería, tan largamente esperada por los almerienses, tuvo lugar la inauguración de nuestra preciosa estación de ferrocarril. El 25 de julio de 1895 comenzó a utilizarse para lo que había sido construida: la recepción y expedición de viajeros y mercancías.

El proyecto de la línea figura por primera vez en el Plan General de Ferrocarriles de 1869 pero tiene que esperar 14 años tras una multitud de vicisitudes y con el decidido apoyo de la Diputación de Almería, que sufragó los gastos del proyecto encargado al ingeniero José Trías Herráiz, hasta que el 18 de mayo de 1883 se hiciera cargo de la concesión del ferrocarril de Linares a Almería el  Banco General de Madrid, como único ofertante, y la transfiere el 23 de julio a la Compañía de los Caminos de Hierro del Sur de España. (¡Qué nombre tan bonito!).

Presididos el Banco y la Compañía por Ivo Bosch Puig, banquero y empresario catalán, encargó  la construcción de la línea a la empresa Fives Lille que no fue inaugurada en su totalidad hasta el 14 de marzo de 1899, treinta años después del primer proyecto, prácticamente lo que vamos a tardar en que llegue a Almería el Corredor Mediterráneo. El último escollo que quedaba por salvar fue el paso del arroyo Salado, entre las estaciones de Larva y Quesada (Jaén), resuelto con un imponente viaducto, ejecutada finalmente su construcción por la propia Compañía del Sur de España porque Fives Lille no se atrevió a hacerlo dada la gran envergadura de la obra.

Pero tras estas notas preliminares, vamos al objeto de nuestro artículo: la Estación de Ferrocarril de Almería. Fue proyectada como de tránsito, pero funcionó como de término o final de línea para los trenes de viajeros, siendo de paso sólo para el acceso de los convoyes hacia el Cable Inglés o el puerto. La obra de fábrica se terminó en 1893 pero sólo se utilizó a partir de la inauguración del tramo Almería-Guadix, el 25 de julio de 1895.

El edificio es un caleidoscopio de estilos arquitectónicos en armoniosa disposición que le dan una belleza singular. Esto es lo que pretendía la Compañía de los Caminos de Hierro del Sur de España: dar con su Estación una imagen de prestigio y modernidad, ser el orgullo de la empresa.

Construida a 8,28 metros sobre el nivel del mar para evitar posibles inundaciones de las boqueras y ramblas que la rodeaban. Todos los terrenos situados a ambos lados de la playa de vías hasta la Boquera de los Caballos estaban divididos en parcelas que utilizaban las compañías mineras y los comerciantes de minerales españoles o extranjeros como depósitos reguladores. Los graneles se trasladaban en carros al puerto donde se embarcaban mediante braceros. Sirvan de referencia los nombres de algunos de ellos: Minas de Beires, Hierros de Olula, Agustín Yza The Soria Mining o Petersen. Años después se construirían sobre estos espacios el embarcadero de Alquife, el de Bairds Mining y el “Toblerone” de la Compañía Andaluza de Minas.

Proyectada por el arquitecto próximo a la Escuela de Gustave Eiffel, Laurent Fargue, del que figura su nombre en un ladrillo situado en el lado derecho de la fachada del edificio, consta de un cuerpo central, claro ejemplo de la “arquitectura del hierro”, perfecta simbiosis de este material con el cristal, la cerámica policromada y adornos florales naturalistas que dan al conjunto un aire modernista. El rosetón central está presidido por un magnífico reloj fabricado por la firma Paul Garnier. El vestíbulo central está decorado con murales del artista Indaliano Luis Cañadas.

Adyacentes a la cristalera, los cuerpos laterales son un ejemplo de eclecticismo monumentalista en los que los materiales autóctonos (cerámica vidriada, ladrillo, piedra de cantería) completan el carácter historicista y neomudéjar de la obra.

En fin, un edificio de una belleza sorprendente y fuera de lo común, del que tenemos que estar orgullosos los almerienses, aunque en su 125 aniversario esté cubierto de andamios y lonas, además de la horrible mole que asoma tras su silueta y que afea su visión.

Después de su abandono al quedar inaugurada la estación intermodal y pasar casi 20 años cerrada, sólo visitada por las palomas, tras innumerables demandas de los almerienses lleva cerca de cuatro años en unas “obras de rehabilitación” que no terminan nunca y sin conocer el destino final de este emblemático edificio.

Para más INRI, el 1º de abril de 1985 ( BOJA 17 de abril) fue incoado expediente como BIC (Bien de Interés Cultural) por la Junta de Andalucía, sin que hasta la fecha, 35 años después se sepa qué fue de él. ¿Qué maleficio, conjuro, maldición o mano negra padecemos los almerienses con nuestro Patrimonio?
Nuestra Estación de Ferrocarril | La Voz de Almería