lunes, 30 de enero de 2023

domingo, 22 de enero de 2023

Medio siglo del “boom” de los Edificios Mediterráneo

Medio siglo del “boom” de los Edificios Mediterráneo en Almería
Cientos de familias almerienses de 1973 compraron y estrenaron alguno de los más de 1.100 pisos construidos en esta zona de expansión


Edificios Mediterráneo

JOSÉ MANUEL BRETONES · Almería, 22 Enero, 2023

No existe almeriense sobre la faz capitalina que desconozca dónde están los “Edificios Mediterráneo”. Las inmensas torres del sur de la calle Altamira han albergado a decenas de miles de personas durante las últimas cinco décadas. Todos tenemos, o teníamos, algún conocido residiendo allí. Pero escasos ciudadanos saben la historia de cómo surgió el ejemplo más brutal de la “Almería vertical” del siglo XX.

La idea de los “Edificios Mediterráneo” se gestó en los años sesenta. El proceso administrativo para este gran núcleo, compuesto por más de 1.100 casas, se activó cuando el Ayuntamiento de Almería decidió urbanizar la zona y recalificar los terrenos debido a la escasez de viviendas en la ciudad. Aquel lugar entre la Carretera de Ronda, la actual Avenida de la Estación y contiguo a la vieja “Huerta Azcona” se bautizó como “Polígono Garcilaso de la Vega”, nombre que tardó poco en olvidarse. La finca se troceó como un pastel y surgieron parcelas de distinto tamaño. Por ejemplo, la de la esquina de la calle José Artés de Arcos con la de Hermanos Machado, donde se levantaron después cinco imponentes rascacielos, tenía 4.862 metros cuadrados. La empresa madrileña “Hadisa” (Hispano Americana de Inmuebles S.A.) no tardó en adquirir diferentes propiedades, con amplias superficies, e inició el desarrollo urbano.

En 1968, el Ayuntamiento aprobó la documentación básica para la construcción de los primeros edificios. Era el expediente VS-268/68, dígitos correspondientes a domicilios permanentes y sujetos a protección oficial subvencionada. Con los permisos legales en regla se iniciaron las obras de los majestuosos bloques de diez y once alturas. De repente, la zona se pobló de un ejército de albañiles que trabajaba de sol a sol bajo las elevadas grúas “Potain”, visibles desde casi toda la capital. Había inmuebles diseñados con sesenta, setenta y hasta noventa viviendas y medio centenar de plazas de aparcamiento.

Al mismo tiempo, la promotora encargó a la agencia “Publisur” una potente campaña de prensa y radio para promocionar la nueva barriada y abrió en el “Edificio Aguilica”, en la calle Sorrento de El Zapillo, una oficina de información y venta. También diseñó un logotipo que jugaba con una casita, las iniciales de la promoción y el primer atisbo de la seña de identidad del conjunto residencial que ya todos conocemos: los soportales de las aceras en forma de arcos.

Octavilla publicitaria de 1972


Octavilla publicitaria de 1972

El “gotelé” y el piso piloto

Los lemas publicitarios de “Hadisa” eran directos: “Un piso no se compra todos los días”, “Vd. tiene la obligación de elegir el mejor piso”, “Por primera vez en Almería, pisos con jardines y piscina… ¡y en el mismo centro!”. Todo ello, jugando con las calidades del interior: habitaciones exteriores, portales de lujo, carpintería metálica, ascensor, calefacción de “calor negro”, terraza, salón de 18 metros, tendedero, paredes de “gotelé”, extractor de humos, puertas de embero, alicatados de color en el baño, cocina de laminado plástico “railite”, armarios empotrados, sanitarios de primera…y, claro, comenzaron a cerrarse ventas y más ventas sobre plano. Había un “piso piloto” decorado por “Muebles La Valenciana”, gancho que acrecentaba aún más los deseos de los inversores. Los primeros clientes pagaron por tres dormitorios y 119 metros cuadrados 307.500 pesetas; podían entregar 40.000 en la firma del contrato y el resto en 14 años; además, existía la exención fiscal de los impuestos en la compra y de todos los tributos municipales durante veinte años. Semanas después, la promotora subió los precios a entre 385.000 y 435.000 pesetas, según la orientación y el tamaño.

Los cinco bloques que se construyeron al principio se entregaron a sus propietarios sobre 1972, pero no fue hasta 1973 cuando se experimentó el “boom” del “Conjunto Residencial Edificios Mediterráneo”. El 8 de abril de 1972 “Hadisa” puso la bandera y “cubrió aguas” de una nueva torre de diez plantas, en un acto social y festivo que congregó a cientos de personas, muchas de ellas dueñas ya de los futuros hogares. Sin duda, esa “Almería vertical” atraía a muchos trabajadores y funcionarios, deseosos de adquirir un techo a estrenar; además, en la década de los sesenta el censo de la capital aumentó un 32 % pasando de 86.808 residentes a 114.510.

EL AYUNTAMIENTO RECALIFICÓ LOS TERRENOS PARA CONSTRUIR VIVIENDAS Y BAUTIZÓ A LA ZONA COMO “POLÍGONO GARCILASO DE LA VEGA”

Aquellas moles de hormigón con nombres de islas, escritores y enclaves costeros comenzaron a albergar a familias enteras. Llegaban con hijos, abuelos, primos o sobrinos políticos que abandonaron sus cortijos y pueblos anhelando un futuro mejor. Pero en cada mudanza era común apreciar, en las caras de los padres y las madres, el orgullo y la satisfacción por estrenar una vivienda de lujo en una zona de expansión de la ciudad. Suponía una gran señal de prosperidad. El siguiente paso era imprimir unas tarjetas de visita con el nombre del matrimonio y la novedosa dirección postal para ofrecer el hogar a parientes, amigos y conocidos. Entre 1973 y 1976, los propietarios llegaban con los enseres imprescindibles. Un piso recién construido exigía tresillos, mesas, sillas o librerías flamantes. Y ahí estaban los muebles y electrodomésticos de “Mago”, “La Unión”, “Vallejo”, “Ruiz Collado”, “El Paraíso”, “Resory´s” o “Jumi” para satisfacer todas las necesidades domésticas. En 1975 ya tenían residencia fija allí unas 900 familias y más de 4.000 personas.

Más tarde, el Ayuntamiento presidido por Francisco de Asís Gómez Angulo (1922 - 21/02/2002) concluyó la rotulación de las diferentes nuevas calles: Doctor Aráez Pacheco, Canónigo Molina Alonso, Ingeniero López Rodríguez, Isla de Mallorca, Sagunto, Plaza de Ibiza o Soldado Español. Aquel “boom” de hace medio siglo se completó con la apertura de tiendas y negocios en los locales de aquellas inconmensurables moles de cemento. En pocos metros a la redonda residían más personas que en la inmensa mayoría de los pueblos de la provincia y había que dotarlos de servicios: la botica de José Waisen Enciso; el Banco de Santander en la calle José Artés de Arcos, 2; el “Spar”; el quiosco de prensa, bares, bazares, peluquerías, ultramarinos, zapateros… varios de ellos en la actual “Galería Siglo de Oro”.  

La zona sufrió una importante degradación a finales del siglo XX, pero las numerosas reformas efectuadas por los propietarios en las fachadas y la fuerte inversión que inyectó el Ayuntamiento en nuevas y mejores infraestructuras remozaron su cara. Un buen regalo para celebrar el 50º aniversario del auténtico “boom” comercial y social de la Almería de 1973.

 


Edficio Isla de Malta

Los nombres de las torres

El enjambre de torres que puebla las calles donde se asientan los “Edificios Mediterráneo” aloja a miles de personas. Es el barrio de la capital con mayor densidad de población; muchos inmuebles superan las diez plantas de altura y es habitual que en cada una existan seis o siete viviendas. Entre las construcciones existentes sobresalen los bloques “Torre Quevedo”, “Torrequebrada”, “Nirvana”, “Torre Góngora”, “Isla de Asinara”, “Torre de Alhambra”, “Isla de Coral”, “Mahón”, “Isla de Tabarca”, “Isla de Malta”, “Isla de Mitjana”, “Isla de Córcega”, “Isla de Creta”, “Isla de Santa Elena”, “Torres Blancas”, “Isla de Cerdeña”, “Costa Brava”, “Costa Azahar”, “Torre Florencia”, “Torre Cervantes”, “Torre Villaespesa”, “Campoamor” o “Panorama”, algunos de ellos con cuatro y cinco fases de elevadísimas plantas.
Medio siglo del “boom” de los Edificios Mediterráneo en Almería

lunes, 16 de enero de 2023

El alhameño que conquistó Murcia

Fue Pío Wandosell un legendario empresario minero partiendo de unas alpargata por todo ajuar


Retrato de Pío en 1910, dedicado a su segunda esposa Francisca. Gentileza de Gonzalo Wandosell.

MANUEL LEÓN • 14 ENE. 2023

Uno los patriarcas legendario de la fiebre minera del Campo de Cartagena fue un alhameño que llegó a La Unión en los años 70 del siglo XIX, cuando aquello era ni más ni menos que la California europea, el lejano Oeste del Sureste peninsular en el que las calles aún no tenían nombre. Este personaje irrepetible, casi desconocido en su Almería natal, era Pío Wandosell Gil, nacido en Alhama cuando era moteada La Seca, en 1847, quien, sin ningún patrimonio en origen, aglutinó una de las mayores fortunas de la época en el Sur de España, a la altura de su paisano veratense Ramón Orozco o del malagueño Manuel Heredia.

Su relato se ciñe más a la necesidad que al azar, cuando en 1868, con 21 años, se trasladó en el transporte de la alpargata, como muchas familias de su pueblo, a esa tierra de promisión que estaba empezando a brotar en el distrito minero de La Unión, a 200 kilómetros de la Iglesia de san Nicolás donde lo bautizaron sus padres Antonio y Nicolasa.

Pío emigró, por tanto, en ese tiempo en el que ya no quedaba nada de prosperidad minera en la Sierra de Gádor, donde había trabajado como mozo fundidor de plomo y aún no había amanecido con toda su intensidad el negocio de la exportación de los pámpano de uva. Fueron esos años en los que el muchacho alhameño oía hablar sin parar del boom minero cartagenero y hasta allí llegó perdiendo Almería a un emprendedor nato que ganó la vecina Murcia. La biografía de Pío Wandosell, tiene, sin embargo, algunos puntos oscuros en los que no está acreditado que se llamara Pío -parece que adoptó este nombre según el archivero Francisco Ródenas por el papa de la época Pío IX- ni que tampoco se apedillara Wandosell, que habría adoptado como símbolo de distinción. Sin embargo, su biznieto, Gonzalo Wandosell, autentifica ese apellido   y lo liga a u comerciante antepasado de Pío que llegó de Flandes en el siglo XVIII para la comercialización con América. Lo cierto es que Pío, o como se llamara realmente, nació en el seno de una familia de moderados recursos dedicada a la explotación agrícola, de la que nunca se olvidó: en 1876, con  propiedades mineras en Murcia, compró una casa en Alhama en la que viviría su madre y su hermana pequeña y que él visitaría con frecuencia hasta que ellas vivieron. A La Unión, por tanto, en ese tiempo se trasladaron cientos de familias almerienses del Valle del Andarax y del Almanzora, sin más ajuar que el de sus sueños de encontrar una nueva vida más provechosa.

Al llegar a La Unión, que entonces aún se llamaba El Garbanzal, Pío se instaló en casa de un pariente llamado Manuel Rodríguez Gil en el distrito de Las Herrerías, donde, asegura Ródenas que arrendó un ventorrillo en donde se ventilaban  entre sus parroquianos pequeños negocios mineros. En esos primeros años, el alhameño fue abriendo los ojos y empapándose del conocimiento que luego le sirvió para convertirse en uno de los primeros millonarios del siglo minero murciano.  Al poco tiempo se casó con Dolores Calvache Yáñez con la que tuvo trece hijos, hasta que falleció de pulmonía y contrajo segundas nupcias con su joven cuñada Francisca, con la que engendró otros once vástagos, en total 24 hijos, de los que trece le sobrevivieron.

Su principal valedor en esos primeros años aún pantanosos fue  Ignacio Figueroa, Marqués de Villamejor, a cuyo padre Luis Figueroa había conocido en su adolescencia como operario de una las fundiciones del aristócrata en la Sierra de Gádor.

Pío inició su actividad metalúrgica con la fundición La Paz y Tres Hermanas que le fueron preparando para constituir la de Dos Hermanos, que se convirtió en una de las instalaciones más modernas del Sureste español con el primer horno rotatorio de origen alemán para beneficiar la galena argentífera. Fue diversificando sus actividades mineras con la adquisición también de explotaciones de plomo y hierro que exportaba a Perú, Colombia y Estados Unidos. En la partición de bienes a su fallecimiento era propietario de 120 concesiones mineras. Su gran obra fue la mina Talía, en Mazarrón, que en 1884 convirtió en la más productiva del distrito y que fue piedra angular de su fortuna.

Fue este alhameño un tipo poliédrico, que supo diversificar negocios como nadie con actividades en empresas de explosivos para sus fábricas, conservas vegetales, fue el impulsor del dique seco del arsenal de Cartagena, de la fábrica de electricidad de Orihuela y del negocio de alquiler de casas para los mineros y fue presidente de la Compañía del Ensanche de Cartagena, al igual que hicieron otros  prebostes de la época como José Salamanca, Ivo Bosch o Víctor Chávarri, contando como socio con el Conde de Romanones. También participó en casas de banca, importador de trigo americano y tuvo compañías de seguros. Compró varias haciendas y marjales como las de Las Conquetas, en Torre Pacheco, y la de Villa Dolores, llamada hoy Huerto Pío, en la Unión. 

Durante un tiempo, desde 1895 a 1905, residió en Madrid, dejando sus negocios en manos de su primogénito José. Allí se hizo de contactos políticos como el de su paisano Nicolás Salmerón y el de Emilio Castelar y fue siempre un activo militante del Partido Republicano, aunque sin querer participar en la política activa. Allí era conocido como ‘el millonario Pío’, entró en la masonería y fue socio del Casino de Madrid. Ayudó a la fundación del Real Madrid Football Club, del que su hijo Adolfo fue directivo y jugador destacado, desde 1903 a 1905, ganando la primera Copa de España.

En 1906 volvió a Cartagena, a seguir nutriendo su fortuna, hasta que sufrió una arteriosclerosis y falleció en 1920 con 72 años. Ninguno de sus herederos supo conservar el imperio que él creo a fuerza de empuje e instinto para los negocios, partiendo de su pericia como fundidor y  de unas humildes alpargatas alhameñas con las que inició su camino de prosperidad.
El alhameño que conquistó Murcia | La Voz de Almería

domingo, 18 de diciembre de 2022

Las Negras, antes de ser un paraíso turístico

Las Negras, antes de ser un paraíso turístico
Minería, esparto, pesca y agricultura suponían el sustento de sus habitantes, hasta que hace 60 años aparecieron los primeros extranjeros


La pesca sigue siendo uno de los principales activos de la barriada nijareña / D.A.

JOSÉ MANUEL BRETONES
Almería, 18 Diciembre, 2022 

La barriada costera y nijareña de Las Negras es un paraíso para los turistas que buscan naturaleza, paz y una gastronomía de calidad. Pero muchísimo antes de que madrileños, alemanes e ingleses pulularan en sandalias de goma por sus calles, Las Negras existía. Sus vecinos se dedicaban a la minería, a la recolección y embarque de esparto, a la pesca y a la agricultura.

En 1867 ya se efectuaron transacciones de titularidad minera cuyos documentos hablaban del paraje de Las Negras. Así lo publicó “El Eco de Berja”, en febrero de ese año, al hacer referencia a la explotación “Milagro”, propiedad de Francisco Alías Segura. Ya era famoso, por su calidad, el manganeso de la perforación “Mascotta”, según un informe publicado en la revista de Cuevas del Almanzora “El Minero de Almagrera”, fundada por Antonio Bernabé y Lentisco.

La gran actividad extractiva de metales en el levante se traducía en constantes operaciones de autorizaciones por parte del Cuerpo Nacional de Ingenieros de Minas. En 1882, el empresario de Ciudad Real Manuel Sánchez Arias escrituró a su nombre la explotación “Josefa y San Manuel” en el paraje llamado “Colladillos”, donde dos años después adquirió la mina “La Gran Bretaña”. Del mismo modo, existían numerosas extracciones de hierro, como la llamada “Somos tres” del médico nijareño Ramón Fernández Viruega (¿-1913), la mina “El Desengaño” del galeno Antonio Fernández Palacios (1850-1922) y “La Tercera”, que gestionaba la “Sociedad Sierra Nevada Almería Mines”.

También se extraía cobre, como en 1917 en la mina “Mi Esperanza”, propiedad de Antonio Delgado Muñoz (1858-1932) y en “La Razón”, de Manuel Blosi y Camps. Estas excavaciones atraían hasta Las Negras a numerosos picadores, barreneros y transportistas, lo que motivó que en agosto de 1918 el Ayuntamiento solicitara a la Diputación un camino decente que conectara Las Negras con Fernán Pérez y ya, desde ahí, se pudiera enlazar con la villa. Pero como todo lo relacionado con infraestructuras, el proyecto se demoró años, lustros, décadas... En 1926 aún no estaba redactado el informe técnico; se firmó en 1929, se presupuestó y adjudicó al constructor Manuel Asensio García en 1930. Pero hubo que esperar a 1932 para que el ente abonara los honorarios de 28.714´08 pesetas. El ritmo de las obras también fue “a lo almeriense”: dos años de duración a razón de un kilómetro construido cada mes… Y, claro, el camino vecinal no quedó operativo hasta 1934. Hoy, esa vía es la carretera AL-3106.

Con la obra en marcha surgieron nuevas necesidades de comunicación y en 1931 los vecinos exigieron un enlace entre San José, Los Albaricoques y Rodalquilar que partiera de la barriada de “Los Peñones”. El primer transporte público que cubrió la comarca fue el autocar de Bernardo Hernández Felices (1907-1986), fundador en 1930 de la actual saga familiar de transporte de viajeros por carretera.  

En el XIX, el lugar también era agrícola, como demuestra la subasta de la finca que efectuó Juan Manuel Naveros en septiembre de 1871 en la calle Mariana, 1 de la capital. Por 8.500 pesetas, se desprendió de “tierras de riego y secano, casa cortijo, noria, agua de fuente, dos balsas, torre de molino con sus palos y aspas, era empedrada, árboles frutales y pencas chumbas”.



Calle Buendía de Las Negras; dedicada al prolongado esfuerzo de esa familia en beneficio de la barriada / D.A.

El esparto salía por barco

El mar era otra fuente de recursos para Las Negras a finales del XIX. Además de las numerosas y minúsculas barquillas de pesca de cerco de los lugareños, de forma regular la goleta “Juanito 2º”, las balandras “Sagrario”, “San Miguel” e “Isabel I” y el pailebot “Manzanares” enlazaban el puerto de la capital con la barriada nijareña para cargar esparto. Y no en cantidades pequeñas. Hasta los destartalados almacenes, levantados cerca de la orilla, arribaban mulos y bestias con el material recolectado a mano en aquellos campos dejados de la mano de Dios. En noviembre de 1888 el laúd “América” transportó desde Las Negras hasta Almería 20.000 kilos de esparto. Se desembarcaron en los muelles capitalinos con destino a la fábrica de limpieza y prensado que Guillermo Hall y Leach había instalado en el hoy barrio de Los Ángeles. Luego, el producto se exportaba a Inglaterra en los grandes vapores “Tyne Queen” y “Warrior”. También navíos de mayor capacidad fondeaban en la bahía de Las Negras gracias a sus excelentes características naturales; unas barcazas de los lugareños le aproximaban el esparto hasta sus bodegas. Con la llegada del siglo XX la actividad comercial del esparto mermó y el embarque se redujo considerablemente.

Por barco también llegaban productos de contrabando. Los bergantines se aproximaban a la costa entre Las Negras y Los Escullos y desembarcaban lienzos, sederías, mantones de Manila, tabaco y alcohol para introducirlo en España. Así lo mencionaba claramente Carmen de Burgos “La Colombine” en su novela “Los Inadaptados”, publicada en 1918.

LA ESCUELA SE CONCEDIÓ EN 1934, CUANDO EN LAS NEGRAS RESIDÍAN 272 HABITANTES

La escuela se creó en 1934

Las necesidades de la población que, en el primer tercio de siglo XX, se iba asentando en Las Negras eran de todo tipo: ausencia del suministro de agua, evacuación de alcantarillados, energía eléctrica, asistencia sanitaria, educación infantil… En 1934 estaban censados 272 habitantes, muchos de ellos niños de familias numerosas. Así, el 10 de diciembre de ese año se hizo pública, por parte del Estado, una gran noticia: la creación para el siguiente curso académico de catorce escuelas en anejos, cortijadas y barrios de la provincia. Una de ellas, mixta y atendida por un maestro, iría desde 1935 en Las Negras. Para ello, se adjudicó la plaza al joven profesor Miguel Aquilino Teruel (luego enviado a La Hoya, Huércal Overa) y para el curso siguiente a Robustiano Ruiz Fernández, hijo del secretario municipal de Santa Fe de Mondújar.


Ricardo Buendía Segura, primer impulsor del submarinismo en Las Negras / D.A.

En 1942, La Negras tenía 400 habitantes que residían en casas de piedra y barro. De ellos, 75 se dedicaban a la pesca en cinco pequeñas barcas y según datos del “Plan Nacional de Mejoramiento de la Vivienda en Poblados de Pescadores” capturaban al año 18.250 kilos de pescado, sobre todo sardinas. La emigración y la escasez de recursos industriales obligaron a quienes se quedaron a dedicarse también a la agricultura de subsistencia –patata, tomate y pimiento-.

A principio de los sesenta aparecieron los primeros extranjeros; comprendieron que aquel paraje paradisíaco era un lugar idóneo para descansar y bucear siguiendo los sabios consejos marítimos de Ricardo Buendía Segura (1912-1977). Este emprendedor también regentaba con su mujer, María García Segura (1913-2002), el estanco y alquilaba habitaciones a pensión completa a los submarinistas. Uno de los primeros europeos en asentarse allí fue Jean Henry, que compró una finca en el margen derecho de la Rambla de Las Agüillas. En 1971 era un propietario más. Y con él, otros como él y el esfuerzo de su población nativa, Las Negras comenzó a convertirse en el destino turístico de primer orden que hoy es.
Las Negras, antes de ser un paraíso turístico

lunes, 12 de diciembre de 2022

Hundimiento del pesquero ‘El Colorao’

Crónicas del ayer: Hundimiento del pesquero ‘El Colorao’
Murieron siete marineros


Los siete marineros fallecidos. LA VOZ
JOSÉ ÁNGEL PÉREZ
21:24 • 11 DIC. 2022
TVE dio la noticia en el Telediario del mediodía. Fue despachada en apenas un minuto. Muchos de los familiares de los protagonistas del suceso se quedaron petrificados ante la pequeña pantalla. Unas horas antes un teletipo de agencias inundaba las redacciones de los periódicos y cadenas de radio informando de la tragedia con un titular expresivo: “Un pesquero almeriense con siete tripulantes a bordo se hunde en aguas de Barcelona. No hay supervivientes”
Crónicas del ayer: Hundimiento del pesquero ‘El Colorao’ | La Voz de Almería

Carmen González, primera mujer en obtener el carnet de conducir en España

Carmen González, primera mujer en obtener el carnet de conducir en España
Una mujer pionera en varios ámbitos y rompedora con la sociedad de hace un siglo


Carmen González, primera mujer en obtener el carnet de conducir en España. LA VOZ

ANTONIO TORRES
20:30 • 09 DIC. 2022
Catalina García, de Puebla de Lillo (León) está considerada hasta hoy como la primera mujer que obtuvo carnet de conducir en España en 1925. Un año antes la pionera fue una almeriense y nunca lo sacó a relucir. Todos los focos de Almería miraron a su poderosa familia, pero no se detuvieron a conocer su trayectoria. Tenis y automovilismo son ejemplos de joven adelantada. Tuvo la influencia de su contemporánea Lili Álvarez, la primera mujer española en acudir a las Olimpiadas de París, triple finalista en Wimbledon. Carmen González a su manera fue una campeona polifacética en una Almería de hambre y emigración en aquellos tiempos duros con el único sustento del esparto o las exportaciones de uva que dominaron sus abuelos padres. Su familia le apoyó en los estudios británicos, sueños cumplidos de viajera y conocer otra cultura distinta a la enlatada Almería. Ahí aparece el ejemplo Carmen de Burgos Colombine y los improperios que recibió cuando abandonó a una sociedad machista y a un marido maltratador.



A Carmen González le encantaba conducir desde los tiempos de estudios en Inglaterra. Por afición, participó en un Rally de la Alpujarra como única mujer. Hubo otras que marcaron hitos en la historia del automovilismo provincial. Mari Carmen Álvarez Guerrero fue la primera mujer piloto, animada por el empresario Ramón Gómez Vivanco, pionero de tantas cosas y que desde el Automóvil Club de Almería la acreditó para una prueba entre Carboneras y Mojácar, en 1969, con aquella infernal carretera de curvas y arena, pero con un paisaje mediterráneo único.



A María del Carmen González Montoya (Almería, 1903- 1996), huérfana de madre, su abuelo la envió a Inglaterra, país que entonces nos llevaba más de 30 años de adelanto y donde vivió hasta los 20 años. “Conducía muy muy bien por cierto”, rememora su hijo Manuel Cuesta González (Almería, 1934), “aprendí de mi madre todo. Hablaba inglés como si hubiera nacido allí. “Antes usaba coches grandes de sus padres, ya casada tuvo el primer Citroen 11 ligero que hubo en Almería. Con ese viajaban a la Alpujarra con los Cassinello, padres y su esposa Adela Pérez, la madre del teniente general de la Guardia Civil Andrés Cassinello Pérez”.






Sigue el relato de su hijo Manuel Cuesta, todo un personaje respetado en Almería y en Mojácar. Reitera que la menos conocida ha sido su madre, una persona actual. “Con 80 años se fue a Japón y nos dijo ´si me muero en el viaje me dejáis allí´. Jamás la oí decir no me gusta. Nos inculcó austeridad, educación y respeto a los demás. Cuando se sacó el carnet en Almería venía con la experiencia de conducir su vehículo en Inglaterra. No ejerció de propagandista del feminismo. Católica practicante, pero nada retrógrada”.



Carmen González contrajo matrimonio con un militar recién venido de la sangrienta guerra de África. Antonio Cuesta Moyano, hijo de militar, nació en Manila y fue alcalde de Almería en el periodo 1957-65. Tuvieron cuatro hijos. Graduado en la Academia Militar de Toledo, se retiró con la ley Azaña. En calidad de presidente de la II República les dijo a los militares que no pensaran apoyar las ideas republicanas que si se retiraban les mantenía la paga. Cuesta evitó el apoyo a la República y siguió cobrando. Durante la Guerra Civil las madres de niños desfavorecidos a los que cuidó con el patrimonio familiar le salvaron de males mayores. “Tenía a los niños comidos y vestidos y estuvo poco tiempo en la cárcel”. A partir de marzo de 1939, en calidad de comandante, se identificó y apoyo a las tropas franquistas cuando empezaron a controlar los edificios públicos de Almería. 






Pozos negros. “Mi padre hizo una ciudad moderna. Almería estaba encima de mierda, de pozos negros, y lo más importante fue la construcción de alcantarillado. En aquellos tiempos cuando se limpiaban los pozos negros había que desalojar a todo un bloque y los obreros sin mascarilla ni ninguna medida de prevención”. Para modernizar la vida cultural contó con las colaboraciones de los añorados Carlos Pérez Siquier, José María Artero y de Emilio Carrión Fox, entre otros. “Mi padre es el único alcalde que no tiene calle en Almería. La verdad es que no político, sino militar. Cuando murió, enero de 1977, le hice una esquela en el periódico en que puse, como él quería, coronel retirado, nada más, ni más medalla de guerra, ni hijo predilecto de Almería. Esa es la sencillez que nos inculcó”. “Teniendo medios, hemos sido muy austeros. Yo cuando estudiaba la carrera de Derecho en Granada compraba los cigarrillos en el carrillo y ahora cualquier joven tienen un cartón en casa”. 



Manuel Cuesta González tiene una memoria extraordinaria. Tras obtener la licenciatura en la Universidad, se hizo funcionario. Ha trabajado para varias delegaciones como la de Hacienda. Toda su vida ha estado, y sigue ahora junto a su hijo Manuel Cuesta Rapallo, relacionada con la propiedad y gerencia de la histórica Plaza de Toros de Almería que data de 1888. 





Manuel Cuesta de 88 años mantiene una vitalidad extraordinaria. “Mis padres me mandaron varios veranos desde 1955 a la localidad turística de Brintong. En esos años no viajaba nadie y mucho menos españoles. Ahora entras en una tienda o en un pub y te preguntan en español”. Manuel Cuesta formó parte de los jurados de los premios Delfos de Mojácar, creados por el pintor Manuel Coronado y que contó con el periodista Francisco Martínez “Martin Navarrete”, quien destaca, desde su retiro en Huerta Santa María de Mojácar, el sentido común de Cuesta. “Los premiados tuvieron la virtud de enamorarse de Mojácar y de comprarse casa en la comarca”.



Doña Pakita. El terrateniente José González Montoya, hermano de Carmen, se casó con Francisca Díaz Torres (Almería, 1911-2014), “doña Paquita”, Hija Predilecta Andalucía 2010, por su apuesta por la conservación del parque Cabo de Gata-Níjar. Almería cuenta con el “Museo de Arte doña Pakita” por la cesión de la familia. La foto histórica que adjuntamos con Carmen González jugando al tenis pertenece al solar de la emblemática “casa vasca”, obra del arquitecto Guillermo Langle en 1928 y que alberga el museo. 

Carmen González, primera mujer en obtener el carnet de conducir en España | La Voz de Almería

domingo, 11 de diciembre de 2022

El cunero almeriense más olvidado

El cunero almeriense más olvidado
José de Cárdenas fue el administrador de la compañía que trajo el ferrocarril Linares-Almería

Retrato de José de Cárdenas Uriarte en 1903, en plena madurez. Nacido en Sevilla, emigró a Madrid y a Almería consagró gran parte de su vida.

MANUEL LEÓN • 10 DIC. 2022

En aquella Almería decimonónica de ricos y pobres, de caciques y recolectores de esparto, de atraso de siglos, toda luz de progreso se fiaba al diputado de distrito. Muchos de ellos eran almerienses de nacimiento y corazón; otros -los llamados cuneros- eran impuestos por los jefes políticos de turno desde Madrid y, aunque no corriera ADN almeriense por su sangre, se les suponía que, al menos, le tenían estima a la tierra que, con más o menos ganas, le había votado y garantizado un escaño en la Carrera de San Jerónimo.

Ejemplos hubo siempre: No fue acaso Gutierre de Cárdenas y Chacón, alcaide de la Alcazaba, el primer cunero tras la toma de Almería. Y cómo no recordar también a lo largo de las décadas como representantes urcitanos en las Cortes a dos Azorines (primero el escritor José Martínez Ruiz y después el malagueño Tomás como parlamentario andaluz), Espronceda, Procopio Pignatelli, José de Igual o Augusto Barcia; y más recientemente a Juan de Dios Ramírez Heredia, Cristina Narbona o el alcarreño Rafael Hernando, entre otros. Unos, como el autor de  la Canción del Pirata, apenas pisaron esta tierra; otros, han terminado echando raíces.

Almería, desde finales del XIX, fue una circunscripción comodín para que los mandamases del Gobierno pudieran colocar como parlamentarios a correligionarios de otras provincias, a cambio de favores políticos y personales a los gerifaltes locales. Así lo explicó en una carta el presidente del Consejo de Ministros, Romanones, a Eduardo Dato en 1914: “Almería es la provincia más cunera de España vertebrada por dóciles distritos”.

Desde la elección de ese fabuloso cronista de lo cotidiano que fue el alicantino Azorín, Almería ha hecho honor a esa vitola de ser el abrevadero de aspirantes a escaño de todas las Españas.

Tanto se fue de madre esta llegada de oportunistas que los periódicos La Crónica Meridional y El Radical protagonizaron campañas contra los candidatos que no eran ‘hijos del país’ y en 1916, la Juventud Ciudadana llegó a organizar un violento mitin en Tabernas contra el cunerismo.

Sin embargo, en la décadas de los 80 y 90 del siglo XIX hubo dos forasteros que destacaron por su valía, por sus esfuerzos desde Madrid para procurar para Almería las inversiones necesarias que la hicieran ir saliendo de su postración como cenicienta de la Península. Uno ha sido suficientemente reconocido y estudiado a lo largo de todo el siglo XX. Pero otro, nada más ser enterrado, desapareció de la memoria de los almeriense, sin que sea demasiado explicable. El primero fue el alicantino Carlos Navarro Rodrigo, el mismo al que le dedicaron esa calle que une el Paseo medio con Obispo Orberá, pasando por el despacho de Javier Aureliano; el mismo que tiene un busto que preside una placeta principal del Parque antiguo; el mismo que terminó siendo ministro de Fomento  bajo el Gobierno liberal de Práxedes Mateo Sagasta (lo fue también durante la I República).

El segundo, un poco más joven, fue José de Cárdenas y Uriarte, diputado por Almería durante tres legislatura que se coronó también como ministro de Fomento y de Agricultura con el Gobierno conservador de Marcelo Azcárraga. Fue uno de los impulsores del ferrocarril Linares-Almería como administrador de la Compañía Caminos de Hierros del Sur de España y presentó una proposición de ley en 1894 para incluir en el presupuesto plurianual partidas periódicas para el proyecto facultativo de Ivo Bosch. Quizá fuera, salvando las distancias, como el almeriense Jesús Miranda Hita (Trío Richoly), pero del siglo XIX, que tanto dinero metió hace unos años para los tramos de Los Gallardos-Sorbas- Gafarillos. 

Y sin embargo, Cárdenas, no tiene nada que lo recuerde en su ciudad adoptiva, donde, contaba la prensa de la época, tenía una habitación reservada de forma vitalicia en el Hotel Tortosa, que luego compró el austriaco Rodolfo Lussnigg para rebautizarlo como Hotel Simón; no tiene este político cunero de ideología canovista ni un callejón, ni una piedra, ni una reseña histórica que lo recuerde ni por Tapia, ni por Martínez de Castro, ni por Santisteban.

Solo quedan de él, como huella almeriense, algunos sueltos de sus andanzas y consecuciones para Almería en La Crónica Meridional. Y uno intuye que, a veces, la perpetuidad de los recuerdos, la memoria que queda de los hombres y mujeres  vinculados a esta tierra depende más del puro azar que de la valía; de los vericuetos del destino, que del intrínseco valor de la obra legada con esfuerzo.

José de Cardenas nació en Sevilla en 1846 y tras estudiar Derecho marchó a la Villa y Corte a trabajar como abogado, donde se aficionó al periodismo y a la poesía.  Era un político de tinte conservador, defensor de la Restauración borbónica. Y era también un hombre de letras, del Siglo de la Luces. Fue uno de los impulsores de la Sociedad Económica Matritense y a partir de esa cuerda entró en contacto con Almería. Entabló amistad en la capital con el almeriense Juan de Dios de la Rada, director del Museo Arqueológico, quien le pidió que colaborara en la creación de la Sociedad Económica Almeriense de Amigos del País, junto a Miguel Ruiz de Villanueva y Rafael Carrillo. Allí viajó en varias ocasiones hasta que fue nombrado director general de esta institución almeriense para el progreso en 1877 y conoció al que fue su gran amigo Emilio  Pérez Ibañez, el dueño del caserón donde estuvo el Casino y ahora la sede del Gobierno Andaluz en Almería. 

Cárdenas se presentó a las elecciones de 1881 por Almería y las perdió, aunque sacó más votos que Nicolás Salmerón. Después obtuvo acta en las de 1884, 1891 y 1898. 

También contribuyó a la creación de escuelas rurales en la provincia como director general de Instrucción Pública. Fue también agasajado con banquetes populares en el Teatro Apolo por su labor benefactora. Fue el primer presidente de Tabacalera española y disfrutó de muchas otras dedicaciones. 

Pero una pulmonía mal curada se lo llevó prematuramente a la tumba en 1907 cuando solo contaba 61 años. Almería no publicó  ni una sola esquela por la muerte de quien había sido uno de sus diputados más bragados, quien más se batió el cobre desde la tribuna del Congreso para que Almería tuviera un ferrocarril, según relató el expresidente del Consejo de Ministros Eduardo Dato en el Diario de Sesiones.
El cunero almeriense más olvidado | La Voz de Almería