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miércoles, 2 de septiembre de 2015

El Almería del Don Balón

EL ALMERÍA DEL DON BALÓN   Julio 17, 2013
Publicado en El Tiralineas. Escrito por Raúl Piñeiro.

Imágenes: almeriaunion.com

Año 1995. El Almería CF se había plantado en Segunda División en tiempo record. Fundado en 1989 como alternativa al Poli Almería, que decía ser la continuación de la extinta Agrupación Almería, el conjunto rojiblanco de pantalón blanco había hecho en la mitad de tiempo muchísimo más que el equipo cuyo pantalón era de color azul. La fase de ascenso no había sido sencilla. Ferrol, Sestao y Valencia B habían sido los rivales y en la última jornada, con un épico triunfo en Paterna, y gracias al conveniente empate entre Beasain y Ferrol, el Almería CF, el del Blanes, estaba en Segunda y, desde entonces, el nombre de Beasain quedaría grabado en la memoria de los aficionados rojiblancos. Al menos de los que de aquellas ya andábamos siguiendo al equipo.

El ascenso, no obstante, fue una caja de bombas para el Almería. En esa última jornada, con el viaje a Valencia y con pocas opciones de ascender, Pepe Cayuela, el técnico, se excusa alegando cierta indisposición o que se yo. Él no creía en el ascenso. El caso es que el Almería no solo gano en Valencia con Pepe Navarro en el banquillo, sino que encima logro subir a Segunda y el autobús rojiblanco, de camino a Almería para las celebraciones, tuvo que hacer una parada técnica para que el técnico oficial, Pepe Cayuela, formara parte de los actos. Imaginen esta escena. El entrenador que se había borrado del trascendental partido se sube a un autobús para apropiarse de un éxito que, al final, no había sido el suyo. Hubo algunos jugadores que no solo no estuvieron de acuerdo con que el técnico se apuntara el tanto, sino que incluso lo demostraron. Cuentan que el abucheo fue de aúpa en aquel autocar. El míster, excéntrico como pocos, hizo de tripas corazón y mantuvo la compostura. Equipo y ciudad celebraron el histórico ascenso a Segunda, como si nada hubiera pasado. De hecho hubo gente que no tenía ni idea de lo que había sucedido y, seguramente, habrá gente que se estará enterando según me leen.

Con la resaca del ascenso era el tiempo de planificar la temporada en la División de Plata. La continuidad del hombre-talismán Pepe Cayuela (había dirigido y llevado al Almería desde Tercera a Segunda A, aunque en distintas etapas) estaba garantizada. El reto era importante, pero la afición confiaba en una plantilla que había desarrollado un futbol espectacular en Segunda B y a la que quizás con unos pocos retoques necesarios, le bastaría para poder lograr la ansiada permanencia. Sin embargo, la sorpresa fue mayúscula cuando el club anuncia la lista de descartes en la que figuraban nombres muy ilustres como Onofre, Recha o Manolo Sousa, sobre todo. El técnico justificó la lista diciendo que “no valían para Segunda”. La realidad es que Cayuela no había olvidado el desplante del autobús del día del ascenso y ajustó cuentas. Especialmente doloroso fue para mí ver marchar al sevillano Sousa al Écija, también en Segunda entonces.

Siguieron en el plantel jugadores como el gran capitán Julio, Diego López, Juan Carlos Portillo, Jorge Peralta, Iñaki, Ortega y un jovencísimo Paco Luna, que se había destapado como goleador en esa promoción. A ellos se unirían una serie de nombres ilustres como Cuaresma del Valladolid o Uribarrena del Celta, ambos en Primera. Junto a un grupo de jóvenes del Barcelona B (el meta Julio Iglesias, Gonzalo y Jon Bakero, hermano de José Mari, capitán del Barcelona de Cruyff). También llegarían Antonio Lima (que llego a ser internacional por Andorra) y Puche del Palamós; Rajado y Lucero del Leganés; Roberto Martínez, que había sido pichichi dos años antes con el Palamós  y llegaba procedente del Mérida; el genial mediocentro Castillo, que venía del Chaves portugués, si no recuerdo mal; y un trío de jugadores balcánicos formado por Milinkovic, procedente del Lleida con el que incluso jugó en Primera; Barbaric, un veterano jugador que había estado en el Burgos en Primera; y Ranko Popovic, el desconocido, que pese a no ser titular indiscutible se ganó el corazón de la afición rojiblanca para siempre.  Como ven, una lista de fichajes de lo mas variopinta. Una lista que, en su día, se asumió fue confeccionada con la mítica y tristemente desaparecida revista ‘Don Balón’, porque si no, no se explica, ya que de aquellas, hablo del verano de 1995, lo de internet era ciencia ficción.

Fue una temporada dura. Nunca sabremos que había pasado si hubiera mantenido el bloque del ascenso. Lo que es seguro es que los fichajes, aunque tenían mucho nombre, no fueron todo lo buenos que se esperaba de ellos. Cayuela en el banquillo era pura dinamita. Empezaría la liga. Se marcharía tras la jornada 11 porque decía no verse capacitado. Le sustituiría Quique Hernández, que se traería a Ituarte y Dani para sustituir a Iñaki y a Ortega, que acababa de ser fichado por el Albacete de Benito Floro en Primera junto a Paco Luna, que en la primera vuelta había demostrado que lo de la fase de ascenso no era flor de un día. También se iría Barbaric y llegarían Luke, delantero formado en el Athletic de Bilbao y que lograría el gol de la permanencia en la última jornada, y otro delantero balcánico, Vorkapic, que lograría dos decisivos tantos en la penúltima jornada ante el Sestao en el Juan Rojas que asegurarían un empate clave de cara a afrontar la última jornada liguera con opciones de salvarse.

A todo esto, Hernández  habría dejado el club en la jornada 27, siendo sustituido por Cayuela de nuevo, aunque este volvería a marcharse a falta de dos jornadas. Es justo, por tanto, recordar que los dos empates decisivos que valieron una permanencia fueron con Boquerón Esteban, que había llegado como segundo de Cayuela, en el banquillo. Y si esa temporada fue caótica, no les cuento la siguiente que, encima significó el descenso a Segunda B gracias a un director deportivo que era socio de una empresa que surtió de jugadores al Almería. Y el desfile de técnicos no se quedó atrás con Gonzalo Hurtado, Pepe Navarro, Uli Stielike y Pedro Braojos de figurantes.

El ‘Don Balón’ de entonces es el internet de ahora. Y el PC Futbol, el FIFA. Y entre medias, entrenadores, directores deportivos y presidentes jugando a ser dios. Unas veces se acierta, y otras no. No creo que fichar sea sencillo. Pero el no hacer fichajes tampoco es la solución. Lo importante es formar la plantilla más competitiva posible y, a partir de ahí, a ver qué pasa…
El Almería del Don Balón

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martes, 1 de septiembre de 2015

Crusat, una auténtica motocicleta al servicio del equipo

Crusat nunca jamás dejaba de lado su arma mortífera: la velocidad.
Escrito por  Sebastián Guirao / Sportalmeria / Viernes, 08 Noviembre 2013

Crusat
Crusat

Jornada 3. Liguilla de ascenso a Segunda División. Temporada 2001-2002. U. D. Almería-Espanyol B. “¡El diez, el diez, el diez es un hijo puta!”. Estas obscenas palabras fueron las primeras que la grada rojiblanca –en aquel año, del Juan Rojas– dedicó al pequeño atacante catalán después de que el experiquito rehusara con un mal gesto darle la mano a uno de los pupilos de Casuco.

Nombre: Albert Crusat Domene.

Lugar de nacimiento: Barcelona.

Fecha de nacimiento: 13 de mayo de 1982.

Demarcación: extremo izquierdo.

Temporadas en la UDA:

2005-2007: Segunda División.

2007-2011: Primera División.

Transcurridos tres años desde ese desencuentro, esa aversión se transformó en vítores y aplausos (siguiendo la “lógica” [entre muchas comillas] del fútbol): aquel extremo chiquitillo de agrio carácter e impulsivo temperamento había firmado por la entidad de Alfonso García.

NO LLEGABA UN CUALQUIERA. Albert ya era conocido en el panorama futbolístico nacional en el año de su fichaje por la UDA; desgraciadamente algunos sabían de él por la mala fortuna en su debut en Primera, ya que en aquel choque en el Santiago Bernabéu Zidane cayó sobre el extremo del Espanyol y le fracturó la clavícula. A pesar de ello, Crusat continuó con su carrera, aun sin haber explotado en Primera, recalando posteriormente en el Rayo y en el Lleida, su último club antes de ser pescado por el Almería.



LA BALA. Tras convulsas temporadas en el seno de la entidad almeriense, desde 2005 el club sabía a qué apostar y cómo apostar. Y el velocísimo Albert Crusat era ejemplo de ello. El barcelonés compartió vestuario con el grupo que hizo historia en la Unión Deportiva Almería en aquella época: el equipo jugaba bien y Crusat por su banda estableció un reino particular.

Tanto en su primer año, con Paco Flores, como después con Unai Emery, Albert se lucía una y otra vez en los campos de Segunda División. Una auténtica motocicleta al servicio del equipo. Sumaba innumerables internadas por banda, conseguía remates a portería, era protagonista de ocasiones claras para poder marcar y nunca jamás dejaba de lado su arma mortífera: la velocidad.



EL VUELO CONTINUABA. Concluida la épica temporada del ascenso, donde el estilete zurdo firmó bellos goles, como el que marcó contra el Vecindario, Crusat siguió brillando con luz propia en Primera, tanto poniendo en dificultades a Sergio Ramos como colocando centros en el área del Valencia, por ejemplo. De corta estatura, pero de enorme genio, el hábil atacante no se achicaba ante nadie y continuó haciendo disfrutar a su afición con su explosiva velocidad, sus buenos servicios y su agilidad para moverse.

“¡CRUSAT, QUE TE VAN A EXPULSAR!”. Tantas y tantas veces los fieles almeriensistas debieron de gritar esto cuando el ratón recibía una falta y se convertía en león instantáneamente. El diálogo sosegado no era precisamente una de sus características sobre el césped, lo cual dio lugar en indeseadas ocasiones a amonestaciones y expulsiones.

Era algo con lo que también había que jugar, como todo futbolista, con sus virtudes y sus defectos. En el caso del 8 indálico, con sus internadas y su brillante juego, continuó siendo la principal baza ofensiva del equipo en muchos partidos, por encima de sus errores verbales.



UNO DE LOS MÁS RÁPIDOS. Sinónimo de rapidez, sin duda Albert Crusat será recordado, no solo por los almeriensistas sino por el fútbol español, como uno de los jugadores más rápidos de los últimos tiempos. Completó el póquer de las cuatro temporadas consecutivas de la UDA en Primera y hasta el final de su estancia andaluza abarcó las cualidades de gran asistente y en bastantes ocasiones provocador de faltas y penas máximas. Su servicio al club capitalino es de insuperable elocuencia e irrefutable evidencia.



A la familia rojiblanca le dejó infinidad de momentos por su amado carril izquierdo: centros, disparos, tarjetas, llegadas hasta la línea de fondo e incluso goles. Pero, aparte de este carrusel de cosas y más allá de su rebeldía juvenil, dejó lo más importante de todo: su alma.
Crusat

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