lunes, 30 de julio de 2012

Eva María Cabot: Perdí un ojo y gané un bastón y un portátil

Eva María Cabot Barrilado

Eva María Cabot llegó nueve horas antes a este mundo y tuvo que esperar para que la atendiesen. Llegó tarde a la ley que protegió a las mujeres y fue arrastrada durante once años por el suelo de su hogar. También llegó demasiado pronto a que la Unidad de Oftalmología del Virgen del Mar concluyera su investigación sobre degeneración macular, y Eva María quedará ciega en dos años, como mucho en tres. Es pronto para ese momento aunque admite estar preparada. Asegura que cuando eso pase, será completamente feliz con su peque, su bastón y Marcos, los tres grandes apoyos con los que se siente a gusto en Gádor, “un pueblo accesible y respetuoso con las discapacidades”. Tan solo en él y debajo del agua, Eva María se siente libre.

Eva María y Marcos

Estamos en Gádor. Son las siete de la tarde de un día de julio y Eva María baja del coche de Marcos, su pareja, que la ha ido a buscar a la Asociación El Saliente, donde realiza un taller en su sede de Huércal. En el pueblo hay una actividad inusual porque se está celebrando la clausura de un curso de verano de la UAL. Eva María ha pedido una sala para realizar la entrevista, y el alcalde Eugenio Gonzálvez cede gentilmente parte de su despacho para ello. (Creo que Eva intenta hacerle la pelota para que la case allí mismo con Marcos, su pareja). Mientras el edil despacha con su concejal en la mesa de Alcaldía, Eva María y Marcos, frente a ellos, responden a nuestras preguntas. ¿Cómo te llamas? Eva Cabot. (Interrumpe Marcos) Y a mí que me gusta más Eva María… Bueno, Eva María Cabot, tengo 38 años, o 39 (Interrumpe Marcos) No, 38 ¿Quién eres? Soy una persona normal que un día, el 23 de septiembre de 2010 sintió un terrible dolor en un ojo y le cambió la vida. ¿Qué pasó? Ese día llevaba a mi hijo al colegio y sentí un dolor fuerte en el ojo, y perdí la visión por completo. Llamé a Marcos y me ayudó. Poco a poco recuperé algo la vista en el ojo izquierdo y fuimos al hospital, pero era mal día -era viernes-, y no logramos que nos atendiese un oftalmólogo. Tampoco nos dio una solución la ONCE. Al día siguiente me dijeron que era una conjuntivitis (respira hondo). Cuando logré reunir dinero para ir al Hospital Virgen del Mar me dijeron que el ojo era irrecuperable, que tenía una degeneración macular, un nervio óptico atrofiado, una fotofobia… Eso pasó hace dos años, ¿anteriormente veías bien? He llevado siempre gafas desde pequeña. Sin complejos pero con gafas toda la vida. Cuando nací, sufrí una desatención médica y no tuve intervención facultativa hasta que pasaron nueve horas, incluso sufrí pérdida de oxígeno. Todo eso influyó en mi problema de visión. Lo estamos averiguando ahora con los oftalmólogos del Virgen del Mar, que son pioneros en la investigación de la degeneración macular. Aprovecho desde aquí para ensalzar su trabajo. Tenemos tendencia a ir a Barcelona o Madrid buscando a los mejores cuando tenemos aquí muy buenos oftalmólogos. Actualmente tengo un campo visual muy limitado, veo en dos dimensiones y solo por el rabillo del ojo. ¿Cuánto tiempo te queda para ser invidente? Si me cuido los ojos, si todo va bien, dos o tres años. ¿Estás preparada para ello? Estoy deseando. Actualmente lo que veo me molesta más que lo que dejo de ver. Hace poco se me irritó un músculo y, de golpe y porrazo, por un momento vi bien, como antes veía; pero de repente dejé de ver otra vez, fue horrible… fue la peor experiencia de mi vida. ¿Cómo lo llevas anímicamente? Tengo mis bajones. Hace poco intentando abrochar un botón perdí los nervios y, aunque Marcos siempre está pendiente de mí, acabé tirándolo todo. Háblanos de Marcos, que está sonriendo y mirándote como muy enamorado. (Marcos irrumpe) Con ella no se puede perder la sonrisa. Marcos es mi psicólogo, mis ojos, mi apoyo, mi amigo, es todo. Marcos me ha enseñado a vestirme, él me ha enseñado a comprarme la ropa. Me anima a ser atrevida, coqueta. Antes no era así mi vida. Con Marcos llevo cuatro años, pero antes tuve una relación con un sujeto, una relación de maltrato. ¿Quieres hablar de ello? No me importa, en cierto modo está relacionado con mi proceso de degeneración visual. Hablas de maltrato en un tiempo en el que la ley no estaba preparada para estas situaciones en el entorno doméstico. ¿Maltrato físico? Once años de maltrato físico, psíquico y sexual. Y encima en Cataluña, un mundo aparte. A mí me pasa lo que me pasó en Andalucía y puedo asegurar que ese sujeto ahora no está fuera. Y ahora puedo hablar de ello gracias a él (refiriéndose a Marcos) porque me ha apoyado. La culpa es mía, aunque no me siento culpable. Me siento tonta porque he sido una consentidora… en el primer momento tenía que haberme plantado, pero te anulan. ! Parece mentira con el genio que tengo ! Marcos: Yo la conocí a ella con la cabeza rapada. Llevaba el pelo corto porque la arrastraba de los pelos. No había manera de que se dejase la melena larga, me ha costado mucho convencerla. Incluso no me podía acercar a ella por la espalda en un supermercado, daba unos saltos impresionantes. Eva: Ahora puedo hablar de ello e incluso puedo servir de ayuda a las mujeres que han pasado o están pasando una situación como la mia. ¿Qué ayuda recibiste? Ninguna. Sólo la de mi Marcos. Yo trabajaba en el mismo Hospital y no podía denunciar. La ley en aquel momento estaba así y al no haber denuncias cuando llegué a Almería no me pudieron ayudar. Llegas a Almería con esa situación, y el 23 de septiembre de hace dos años, te da un dolor, pierdes un ojo y prácticamente el otro… Yo siempre digo que perdí un ojo y gané un bastón y un portátil. (Se ríe) El bastón es la prolongación de mi dedo índice, como E.T. En aquel momento fue como si me reiniciasen, como si alguien hubiese pulsado el botón de reset de mi disco duro. Todo fue repentino, ¿cuáles fueron tus primeras sensaciones? Lo primero y peor fue que me aumentaron el olfato y el oído de pronto, como si la pérdida de un sentido tuviese que cubrirse inmediatamente por el resto. Fue horroroso. Hasta el punto de ponerme tapones en los oídos porque no podía ir a Almería. Primero híperacusas los sonidos, los olores. Es una defensa que tiene el propio organismo ante la pérdida de un sentido. Lo del olfato es terrible. Distingo pastas de dientes, suavizantes, llevo colonia en el bolso para soportar algunos olores. (Interrumpo la entrevista ¿A qué huele ahora? Huele a pan (Miramos al alcalde) ¿? Pero todo lo he ido aprendiendo sola. Al principio no tenía ninguna información y la ONCE no me ayudó en absoluto. En cierto modo soy inculta en el mundo de los invidentes, no sé leer braille. No tuve presente que no hay que tocar la pared con las yemas de los dedos, sino con la parte posterior de la mano, para no perder la sensibilidad en los dedos. Me he dejado las yemas rozándome con las paredes. Además yo era muy pija y muy fina, y al romper los huevos en la sartén dejaba los meñiques estirados y me los quemaba con el aceite hirviendo. (Dice entre risas) Tengo un informe de la Ley de Dependencia en el que se indica que no estoy preparada para meterme en la cocina, vamos que soy un peligro. Pero no obstante, lo hago. (Interrumpe Marcos): Todos los fines de semana acabamos en Urgencias. Estoy hinchado. Ando muy deprisa por todos lados, aunque las grandes las grandes hostias me las he dado en casa. Cuando algo no está en su sitio, me lo llevo por delante. En la calle, ¿todo bien? Todo bien en Gádor que es en donde me siento libre. Cuando mejor me siento es debajo del agua y estando en Gádor. Es mi refugio, mi hogar, es vida. A pesar de las cuestas es un municipio muy accesible. Antes de que yo llegase ya lo era. Fíjate que hasta la Estación de Tren está preparada para personas con movilidad reducida y para invidentes. En Gádor se puede ir incluso sin bastón. Yo tengo contados los pasos. Me conozco cada rincón. Unas veces necesito el bastón y otras no. Antes de vivir en Gádor vivía en La Cañada, y se pudo conseguir que, al menos, la línea 20 de autobuses te diga en dónde estás. Antes paraba contando los badenes… Yo tenía ocho badenes de La Cañada, la rotonda de los Picos, a la Plaza de la Iglesia; y así me orientaba. Ahora te lo dicen. ¿Cuál es la ciudad menos accesible que has conocido? El centro de Almería no es accesible, se vende como que sí pero no. Almería centro es un desastre. Por la calle Navarro Rodrigo, la zona de La Salle o el casco antigüo no se puede andar. Ni siquiera el centro de Madrid, aunque lo presenten accesible, lo es. ¿Y cómo nos comportamos los ciudadanos ante una persona con un bastón blanco? La gente es muy amable y rápidamente te tienden una mano aunque no lo necesites. A veces me ha pasado que, estando en Almería, se han ofrecido a cruzarme la calle y, lo dicen con tanta ilusión, que no he querido quitarle el gusto de ayudar y me he dejado conducir. ¿Y lo bien que se ha ido esa persona al auxiliar a alguien? ¿Te sientes discapacitada? Como persona yo no me siento discapacitada. Somos capacitados, tenemos una deficiencia. Nos alejamos en silencio tras la entrevista. Andamos unos dos kilómetros sin decir una palabra. Cruzamos la vía y, frente al parque infantil de la entrada del municipio, nos miramos y decimos al tiempo: Yo creo que ve.

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